viernes, 26 de agosto de 2011

De película

A veces pienso que mi vida es de película. No porque mi historia en sí merezca una, pero la verdad es que hay momentos tan ficcionarios en mi realidad que parecen sacados de un film. Y si no hay de esos momentos, creo que también me los fabrico, los busco, qué se yo... Soy como un imán de excentricidades.
No sé si está bueno que tu vida sea de película... depende de qué género, no? Yo creo que pasé por todos.... Mmmm. Bueeeeno, alguno debe faltar. Del condicionado vengo flojito....jajaja. Por ejemplo...de terror, seguro. Una vez a los trece o catorce años me desperté un sábado a la mañana y había un hombre totalmente desconocido parado en el living de mi casa. Yo abrí los ojos y lo vi desde la cama. Me miraba con los ojos oscuros...no sé llenos de qué, si de curiosidad, sorpresa o libidinosidad. Yo le sostuve la mirada, muda, inmóvil. En la cama de al lado, mi abuelita....durmiendo como la mejor, obvio. De lo único que yo era consciente en ese momento era de que mi vieja había salido temprano y me había dejado cuidando a mi abuela.
Para mí el tipo estuvo unos cuantos minutos, pero en realidad no lo sé. Finalmente se dio vuelta y se fue por el pasillo. Escuché que pasaba la mano por la pared y bajaba la larga escalera de mi casa. Cerró la puerta. Pum.
Tardé más de media hora en reaccionar, totalmente paralizada. Fui hasta la cocina y agarré una compotera de vidrio. De esas durex de color ámbar. No sabría decir por qué en mi pequeña cabecita púber pensaba que podía ser una herramienta para defenderme. En fin.... la cuestión es que "armada" con la compotera y aún en pijama me aventuré a bajar la escalera para asegurarme que el intruso no estuviese aún dentro de mi casa. Incluso me armé de valor y recorrí tooooodo el depósito que Yarlux había utilizado tantos años, y que ahora era un compendio de cajas y mugre.
No estaba, che...Qué desilusión! Yo que me había creído Rambo... Eso sí, cuando subí me puse a llorar a moco tendido. Nunca supe quién era ese hombre, pero sin lugar a dudas me hizo sentir en una peli de terrorrrrrrrrr.
Y esa es una anécdota nomás, porque de veras que que las hay las hay. De chica (muy chica) yo me re creía la película en que vivía. Un verano, ¿en el 85, habrá sido? No sé, pero aún vivía mi viejo y yo no había empezado primer grado. Estábamos veraneando en Valeria del Mar y en la almacén de "Lacho" vi un disfraz de la mujer maravilla. Wow. Era YO. No es que me gustaba la mujer maravilla....YO era la mujer maravilla....así funcionaba mi marote....jajaja. NECESITABA ese disfraz, y YA. No sé cuánto habré roto los kinotos, porque al rato tenía el bendito traje. ¡Y encima era truchísmo! Tenía una careta de plástico con rebarbas que les juro que te cortaba si lo agarrabas de chanfle. Unos lindos agujeritos a los costados para pasar el elástico más delgado que un pelo y chau, arreglate. Pero yo estaba CHOCHA. No cabía en mi felicidad y en mis ganas de usarlo. Creo que hasta quería ir a la playa vestida de comic. Obviamente no me dejaron, entonces mi frondosa imaginación de infante generó una imagen mental espectacular llena de glamour....bien de película. Me imaginé que en mi casa de Valeria organizaba un gran baile de disfraces. Todos disfraces espléndidos, únicos. Con música, comida y fuegos artificiales....como las fiestas de los ricos que mostraban en las pelis.
Y cuando yo les dije que si las excentricidades no me pasaban las buscaba, no les mentía. Esa tarde en la playa, en la cuadra de mi casa y en todos lados, invité a cuanto niño había en el balneario a venir a una gran fiesta de disfraces en mi casa. A la noche empezaron a tocar el timbre niños vestidos del pato Donald, de los Ositos Cariñosos y no recuerdo qué mas. Mi mamá lógicamente no me había dado bolilla cuando le anuncié que esa misma noche se venía la gran fiesta gran (una más de mis desvariaciones infantiles, habrá pensado), así que, ante la inesperada llegada de niños disfrazados, no tuvo otra alternativa que ponerse a hacer tostones (pochoclo). Bueno, qué esperaban? ¿La música y la pirotecnia como en las fiestas de los "ricos"? jajaja.
El resto de mi infancia siempre me dediqué a congregar gente para shows varios: recitaba poesías, himnos o lo que supiera en las reuniones familiares y organizaba obras de teatro alusorias a Navidad, Pascua o lo que fuera que se festejara. Escribía los guiones, conseguía el vestuario y dibujaba o armaba la escenografía. Ponía a mis primos (en España) y a mis sobrinos (en Argentina) a actuar en mi improvisada compañía.
Qué niña agotadora, por Dios! jajaja No me aguantaría a mí misma un minuto. Pero bueno, calculo que algo tenía que hacer con esa cabeza que no paraba....
El otro día, luego de expresarle una idea muy loca que se me había cruzado en el momento, le dije a mi sobrina Maqui que mi cabeza no me daba tregua, y ella me respondió: ojalá que nunca te de tregua, tía.
No sé si me dará tregua, pero que mi vida es de película, es de película. Y en este momento, amigos, es una de Ciencia Ficción....uno de mis géneros favoritos!

sábado, 13 de agosto de 2011

Recuperando mi alma payasa

Todos perdemos algo de nosotros mismos cuando armamos algo con el otro. Es inevitable... Aunque pensemos distintos modos de decirlo para sentirnos menos "dominadas", o menos "pollerudos" (elegir, ceder... hasta concensuar!) no dejamos de hacerlo, de perdernos un poco. Bueno... un poco está bien, calculo, no? Si no, no nos aguantamos ni un minuto... no llegamos al primer cumplemes.
Ni que hablar de ya ponerse de novio y toda la perorata que viene después, con límites y protocolos concretos para cada ciclo vital. No, olvidate. Si querías ser el mismo de siempre, te hubieses quedado solo como un hongo, porque cualquier intercambio con seres de tu especie te trasforma.
Retomando.... el tema es que sea un POCO. Por ejemplo...si sos ultra hippie te podés volver un poco más aburguesado y te permitís un recambio de celular. Si sos un burgués recalcitrante de pronto te vas unas vacaciones en carpa. Si te gusta el heavy metal hacés un esfuercito para encontrarle el gusto a un unplugged. Hasta ahí nomás. La idea es que hay que perderse un poco, sólo un poco. Bah...al menos ese debe ser el ideal.
Pero cómo cuesta, carajo. En el fragor de la batalla a veces uno sacrifica pedazos vitales de uno mismo, incluso sin darse cuenta.  Recortamos por acá, apretamos por allá. Y llega el momento en el que no nos reconocemos en el espejo. Pero pará.....¿Ésta soy yo?! ¿Dónde quedó mi lista de cosas a lograr antes de morir? De las mil y un cosas que algún día quería estudiar, instrumentos que quería tocar, galerías de arte y museos que moría por visitar? Ni hablar de tooooooodos los lugares del mundo que me interesaba conocer, idiomas que quería aprender, películas bodrio que estaba dispuesta a ver y libros de debía leer. Dónde quedaron mis ganas de bailar, de dibujar, de hacer puzzles? ¿Dónde está mi guardarropa excéntrico símil The Nanny? ¿Dónde quedó mi alma payasa?
Quizá estoy exagerando un poco.... Ya los agoté??? (Seguro que sí). Pero saben qué? No estoy exagerando....Yo soy esa. Sí, sí.... esa que se queja de TODO pero trata de encontrarle una vuelta a los problemas. Esa que tiene arranques de violencia verbal inauditos y a los cinco minutos te enchufa un beso. Esa que se destornilla con el humor negro y se pone a llorar a mares cuando lee un libro de historia argentina. Esa.
Pero durante un tiempo no me encontraba... tanta remodelación de interiores que hice... Es que, a todas las cosas que siempre tengo ganas de hacer y locuras que quiero emprender, encima se sumaron las ganas de amar con vehemencia y para colmo, tener una familia. Sí...ya sé....TOOOODO no se puede en la vida. Pero lo intenté en serio... le puse tanta garra (como dicen los futbolistas), que terminé un poquiiito lesionada. Bueno, lo hecho, hecho está. Y no estuvo mal, tampoco. Logré muchas de mis metas, y estuvo bueno el camino. Ahora hay un ser que sufre todas mis alteraciones, encima! ¿Cómo podría arrepentirme de mi propia perdición? Es no sólo por mí, sino por este pequeño ser a mi merced, que yo decidí recuperarme de la lesión y dedicarme a otra cosa. Y en kinesio me di cuenta de que no había perdido taaaanta movilidad, era sólo cuestión de relajar un poco los músculos, desempolvar la mente y animarse. Porque estaba toooodo ahí. La lista sigue ahí!!!! Qué alegría! Qué feliz que soy, recuperé mi lista, y encima ya tengo varios ítems tildados. El resto de mis días, los voy a dedicar a divertirme tildando el resto. Eso sí, la próxima vez que me enamore, voy a intentar no perder mi alma payasa.

martes, 2 de agosto de 2011

La vida sobre ruedas

Mi última sesión de terapia me dejó esta metáfora dando vueltas. Cuándo no, me quedé rumiándola un poco, un poco más, bastante... Mucho, tal vez.
Me gustó... ahí va:

Hoy hace cinco meses que le saqué las rueditas a la bici. Uuuuy, esas rueditas hace mil años que las tenía... Todavía no me termino de acostumbrar a estar sin ellas, literalmente: me falta superficie de apoyo. Con mis rueditas bien atornilladas no me preocupaba mucho por mantener el equilibrio: le daba para adelante con fuerza, y listo. A veces costaba más.... a veces el barro hacía que fuera difícil avanzar, o los terrenos arenosos...
Otras veces cuando el camino era lisito lisito, podía ir más rápido y hasta sentir la brisa en la cara, despeinándome toda y llenando mis pulmones de aire. Igual, hace tiempo que no me daba la brisa, che...
Pero bueno, ya no están más las rueditas. Las saqué... dije "basta". Hasta acá llegué con ustedes, ahora vamos a ver qué pasa. Y al principio, con todo el empujón de la decisión, pedaleé como loca varios metros sin casi darme cuenta que las rueditas no estaban. Imagínense, me podría haber ido a la miércole, pero no. Y ahí, a los varios metros, caí en que las rueditas no estaban más en serio....pero en serio en serio. Uy, que cagaso! De esta no zafo! Me voy a estrolar en el piso en cualquier momento... ¿ Y cómo hago ahora para no caerme? Encima ahora no estoy livianita que digamos... con esto que llevo encima cómo hago? Nooo... me la voy a dar contra el piso en cualquier momento. ¡Pero qué boluda! ¿No me podría haber hecho la sota un tiempo más? Si total... todo el mundo lo hace, no? Me quedaba con las rueditas por más que no me diera más el alma... pero no esto! Esta sensación de estar al borde del abismo...
Pero a ver... Pará. Uhhh! qué flojita que voy ahora! Qué rápido que voy, che... Está bueno, eh...! Me da el viento en la cara...ahhhhhhhhhhhhhhhhhh! Qué lindo... hacía taaaaanto que no sentía eso! Y la mochilita viene bien, eh... la verdad es que no se siente mal, todo lo contrario.
Uy! Ahí viene una florrrr de curva.... uhhhhh me la doy, me la doy.... Ay ay ay ay ay! Ouch! dolió.
Bue. No importa, ahora me subo de vuelta y sigo... ya le voy a agarrar la mano, no?