El fuego interno es como un ácido que degrada cualquier cosa y se hace camino a la superficie. La expresión de ese fuego se derrama aunque intentemos asfixiarla en un frasco de vidrio.
Somos lo que somos, una llama que arde a penas unos instantes... tan volátiles y tan fuertes, tan reconfortantes y destructivos.
Hoy siento placer porque aún desconociendo el motivo, me siento feliz, alegre. Quizá mañana cambie, probablemente, y me deje llevar por las condiciones cotidianas de la vida. Pero hoy, en este momento, creo que sólo saber que me brotan palabras del cuerpo es un motivo para sentirme bien.
Tengo hace días un caudal de pensamientos atorados entre pecho y espalda. Están esperando salir, y están haciendo pequeños orificios, como el ácido que les contaba antes.
Esperaba que todo ese mejunje estuviese más armado, tuviese forma de algo antes de entregárselo a ustedes, pero no. Se decidió a salir así como viene. Y es que a veces, cuando mi realidad se vuelve intensa e inesperada, cuando siento demasiado fuerte, mi cabeza se anula y sólo puedo captar y absorber, pero no ordenar ni sistematizar lo visto.
Así que pensé en escribir sobre algo que hace mucho que tengo en la punta de la lengua y que, bueno... no me animaba a plasmar en la pantalla. Y que no deja de ser, asimismo, esto que me deleito observando minuto a minuto.
Toda esta historia del fuego, se relaciona con una idea que tengo hace tiempo de que nosotros los humanos sólo somos en los otros. Ser en el otro significa que nuestra vida adquiere sentido en los otros con los que la compartimos... como si lo mejor de nosotros estuviese "depositado" en aquellos con quienes nos relacionamos. De hecho, creo que lo esencial de mi vida no va mucho más allá de eso, y con eso me basta... y me sobra.
Conectarnos, comunicarnos, acercarnos, alejarnos, vernos, mirarnos, olernos, amarnos. Disfrutarnos, soportarnos, buscarnos, desearnos, separarnos, tocarnos, lastimarnos, escucharnos, ignorarnos.
Quienes somos con los otros es lo que nos moldea tal cual somos. Porque nosotros permanecemos en el otro. Somos miles de municiones disparadas sobre los que nos rodean, y a la vez, somos lo que los otros dejaron incrustado en nosotros. Somos esculturas en permanente construcción, y el soporte son siempre las emociones y los sentimientos compartidos.
Y nuestra vida como fuegos es breve y eterna, al mismo tiempo, ya que nos alimentamos de las otras llamas, y sin embargo nunca dejamos de existir en ellas. Siento que arden en mí quienes se vincularon conmigo, y así viven también a través mío.
Ver este intercambio de luz y de calor en otros, también me aviva y me hace brillar. En el subte, caminando por la calle o en un supermercado... a veces soy un testigo silencioso que se hincha de grabar en su retina cómo los humanos se conectan entre sí. Es una sensación maravillosa... ver ese fuego que se escurre, indomable. También me llena de admiración y disfruto ver como los otros expresan este fuego con talento y creatividad en el arte. Y cada pieza artística, (desde una melodía hasta una pintura o una película) no es más que una partícula inmortalizada de este fuego, no?
Si bien este texto está lejos lejos de ser una pieza de arte, sí es un intento de inmortalizar un pequeño fragmento de este fuego que soy, SIEMPRE gracias a otros.
http://www.goear.com/listen/a4f49f8/light-my-fire-the-doors
Escribir este blog es como cuando escribía en el pizarrón del aula en el recreo: me genera esa ambigua y a la vez emocionante sensación de gusto al ser leída y miedo a ser descubierta.
martes, 20 de diciembre de 2011
sábado, 3 de diciembre de 2011
Músculo sano
Qué año surrealista, este. Al menos para mí, el 2011 fue como una big coctelera de metal (de las gigantes que tienen los barman), en la que se mezcló de todo y cambió la mano.
Uno nunca sabe cuándo va a pasar eso, ni siquiera si va a pasar... pero sabe que está la posibilidad, o cree saberlo. Generalmente uno no espera que la propia vida se caiga como una carpa de circo sin postes. Uno cree (siempre cree) que haciendo determinada cosa, que agarrando por acá, o trabajando en esto, o evitando esto otro, el resultado es maaaaaaás o menos manejable. Y es verdad. Más o menos...
Con todo esto tampoco es que quiero llorarles la carta de lo malo que fue mi año... NO. No podría decir eso, no podría describir TANTA cosa junta y arremolinada con una sola palabra, con un concepto tan escuálido.
La clave de mi año fue cambio. Y sí... el temido, temidísimo cambio. Ese y no otro fue el que entró de una y sin anestesia para remodelar mis interiores, y por qué no, un poco los exteriores también. Sabemos que el cambio y el crecimiento van de la mano, y que crecer duele (y cómo) y que patatín y patatán y todos los libros de autoayuda juntos. Sabemos, creemos, suponemos... pero a la hora de agarrar el timón en medio del cambio y sus briosas olas, no dejamos de implorar piedad y fruncirnos todos.
Se dice que luego de la tempestad viene la calma, y es cierto también.
Creo que las crisis son como una descarga eléctrica que nos tensa al máximo en todos los aspectos (intelectual, emocional y a veces hasta físicamente), y que cuando finalmente pasan sentimos el cuerpo blando, relajado, atontado... pero NUEVO. Al fin al cabo nos reinyectan de energía, algo similar a lo que pasa cuando hacemos el amor.
Y para mí, en ese "luego" vino el goce, el disfrute. El reconocerme sana y salva luego de la tormenta, el reencontrarme conmigo misma a pesar (o gracias) al cambio. El sentirme capaz y fuerte por lo que ya atravesé, y animarme a apostar aún más, a arriesgar más. Si total, recién medí mis fuerzas, y me dí cuenta de que superé varias pruebas.
Construí nuevas seguridades como palacios de naipes, y con ellas nuevos miedos a que se desmoronen. Pero no dejé de construir, no? ¿Qué otra cosa podría hacer, acaso?
Me asombra cómo a pesar de tanta vuelta de tuerca, de desengaños (o engaños) amorosos, de sentir que el corazón se me desintegraba como una marea de gelatina, aún así hoy día sigue latiendo intrépido y vehemente, como siempre. Y lo que es peor, soy tan capaz de entregarlo entero y sin preámbulos como lo hice por primera vez. No sé si lo digo con convencimiento o con resignación. A veces no vendría mal ponerle una herradura que lo protegiera un poco, no? Después de todo, si no lo cuido un poco yo... Pero soy más bien salvaje en ese sentido. No hay remedio, no... mi corazón tiene vida propia. Creo yo que ya me ganó de mano y no le puedo poner riendas a esta altura. Hasta se niega a relacionarse con la razón, ya que siente que limita su expansión y su galope desbocado.
Imparable, intenso, una fuerza bruta que arrasa con todo sin medir mucho las consecuencias ni preguntarse los porqués. Una máquina que marca cada uno de los pasos de mi vida desde que decidí romper la correa que la sujetaba, hace ya casi diez años. Un toro que sigue enfrentándose a las espadas del torero, sabiendo que quizá muera, pero en su ley.
Y creo que lo dejo ser, sin más, porque este corazón alocado que tengo, fue siempre el mesías de mis tempestades, que con su tesón y potencia "boba" me remolcó de las cenizas y me hizo resurgir como el ave fénix.
Uno nunca sabe cuándo va a pasar eso, ni siquiera si va a pasar... pero sabe que está la posibilidad, o cree saberlo. Generalmente uno no espera que la propia vida se caiga como una carpa de circo sin postes. Uno cree (siempre cree) que haciendo determinada cosa, que agarrando por acá, o trabajando en esto, o evitando esto otro, el resultado es maaaaaaás o menos manejable. Y es verdad. Más o menos...
Con todo esto tampoco es que quiero llorarles la carta de lo malo que fue mi año... NO. No podría decir eso, no podría describir TANTA cosa junta y arremolinada con una sola palabra, con un concepto tan escuálido.
La clave de mi año fue cambio. Y sí... el temido, temidísimo cambio. Ese y no otro fue el que entró de una y sin anestesia para remodelar mis interiores, y por qué no, un poco los exteriores también. Sabemos que el cambio y el crecimiento van de la mano, y que crecer duele (y cómo) y que patatín y patatán y todos los libros de autoayuda juntos. Sabemos, creemos, suponemos... pero a la hora de agarrar el timón en medio del cambio y sus briosas olas, no dejamos de implorar piedad y fruncirnos todos.
Se dice que luego de la tempestad viene la calma, y es cierto también.
Creo que las crisis son como una descarga eléctrica que nos tensa al máximo en todos los aspectos (intelectual, emocional y a veces hasta físicamente), y que cuando finalmente pasan sentimos el cuerpo blando, relajado, atontado... pero NUEVO. Al fin al cabo nos reinyectan de energía, algo similar a lo que pasa cuando hacemos el amor.
Y para mí, en ese "luego" vino el goce, el disfrute. El reconocerme sana y salva luego de la tormenta, el reencontrarme conmigo misma a pesar (o gracias) al cambio. El sentirme capaz y fuerte por lo que ya atravesé, y animarme a apostar aún más, a arriesgar más. Si total, recién medí mis fuerzas, y me dí cuenta de que superé varias pruebas.
Construí nuevas seguridades como palacios de naipes, y con ellas nuevos miedos a que se desmoronen. Pero no dejé de construir, no? ¿Qué otra cosa podría hacer, acaso?
Me asombra cómo a pesar de tanta vuelta de tuerca, de desengaños (o engaños) amorosos, de sentir que el corazón se me desintegraba como una marea de gelatina, aún así hoy día sigue latiendo intrépido y vehemente, como siempre. Y lo que es peor, soy tan capaz de entregarlo entero y sin preámbulos como lo hice por primera vez. No sé si lo digo con convencimiento o con resignación. A veces no vendría mal ponerle una herradura que lo protegiera un poco, no? Después de todo, si no lo cuido un poco yo... Pero soy más bien salvaje en ese sentido. No hay remedio, no... mi corazón tiene vida propia. Creo yo que ya me ganó de mano y no le puedo poner riendas a esta altura. Hasta se niega a relacionarse con la razón, ya que siente que limita su expansión y su galope desbocado.
Imparable, intenso, una fuerza bruta que arrasa con todo sin medir mucho las consecuencias ni preguntarse los porqués. Una máquina que marca cada uno de los pasos de mi vida desde que decidí romper la correa que la sujetaba, hace ya casi diez años. Un toro que sigue enfrentándose a las espadas del torero, sabiendo que quizá muera, pero en su ley.
Y creo que lo dejo ser, sin más, porque este corazón alocado que tengo, fue siempre el mesías de mis tempestades, que con su tesón y potencia "boba" me remolcó de las cenizas y me hizo resurgir como el ave fénix.
martes, 15 de noviembre de 2011
Thank you for smoking
Ella es copiloto, como tantas veces fue. Conoce ese lugar a la perfección: cómo se ve, qué olor tiene. Ella adelanta el asiento que algún "otro" usó y quedó demasiado atrás. Ella supo ser copiloto en serio, y también de mentirita, como ahora.
Él maneja. Callado, como siempre. Pone los cambios con violencia, acelera de golpe, frena de golpe... ella ya sabe.
De pronto un sonido nuevo, que ella conoce de otros lados, de otras situaciones, de otros rumbos. Lo identifica y se calla. Y ni mira, pero el humo de esa grieta se hace ineludible, y no queda otra que respirarlo. Un sólo click del encendedor bastó para codificar la ausencia.
Él ya no es él y ella ya no es ella. Él fuma un cigarrillo y a ella se le agolpan las lágrimas en los ojos. En ese tabaco también se quema lo que fueron él y ella. Se queman miles de situaciones en fast forward, de golpe, sin pausa. Cinco pitadas locas que hacen brillar la ausencia tanto, tanto como el féretro en un funeral.
Ya sabían que había una hoguera, y que poco quedaba ya que quemar. Ella venía arrojando cosas al fuego con ansias de verlo extinguirse de una buena vez. Él, en cambio, solía contemplarlo dubitativo: a veces resignado, a veces combativo. Nunca tiraba nada... se quedaba allí, mirando sin esperar ni dejar de esperar nada. Sin embargo, ese día en el que se comprendieron de mentirita como tantos otros, que compartieron ese espacio conocido haciendo el "paripé"... ese día él prendió un cigarro y avivó el fuego.
Ella sabía como eran las cosas. Sabía que tarde o temprano (y esperaba que temprano) la borra iba a dejar de flotar para decantarse en el fondo. Hacía rato que él no era la musa de sus sueños arrebolados. Hacía un tiempo que ella escribía otros nombres en los en los vidrios empañados de la ducha. Ya no dolía ahí, ahora dolía en otros lados.
Entonces ella supo ver cómo su figura (la de él), alguna vez tan protagónica en su historia, se ubicaba cada vez más cerca del punto de fuga. Extinguiéndose lentamente, o rápidamente... tanto como dura en quemarse un cigarrillo.
Él maneja. Callado, como siempre. Pone los cambios con violencia, acelera de golpe, frena de golpe... ella ya sabe.
De pronto un sonido nuevo, que ella conoce de otros lados, de otras situaciones, de otros rumbos. Lo identifica y se calla. Y ni mira, pero el humo de esa grieta se hace ineludible, y no queda otra que respirarlo. Un sólo click del encendedor bastó para codificar la ausencia.
Él ya no es él y ella ya no es ella. Él fuma un cigarrillo y a ella se le agolpan las lágrimas en los ojos. En ese tabaco también se quema lo que fueron él y ella. Se queman miles de situaciones en fast forward, de golpe, sin pausa. Cinco pitadas locas que hacen brillar la ausencia tanto, tanto como el féretro en un funeral.
Ya sabían que había una hoguera, y que poco quedaba ya que quemar. Ella venía arrojando cosas al fuego con ansias de verlo extinguirse de una buena vez. Él, en cambio, solía contemplarlo dubitativo: a veces resignado, a veces combativo. Nunca tiraba nada... se quedaba allí, mirando sin esperar ni dejar de esperar nada. Sin embargo, ese día en el que se comprendieron de mentirita como tantos otros, que compartieron ese espacio conocido haciendo el "paripé"... ese día él prendió un cigarro y avivó el fuego.
Ella sabía como eran las cosas. Sabía que tarde o temprano (y esperaba que temprano) la borra iba a dejar de flotar para decantarse en el fondo. Hacía rato que él no era la musa de sus sueños arrebolados. Hacía un tiempo que ella escribía otros nombres en los en los vidrios empañados de la ducha. Ya no dolía ahí, ahora dolía en otros lados.
Entonces ella supo ver cómo su figura (la de él), alguna vez tan protagónica en su historia, se ubicaba cada vez más cerca del punto de fuga. Extinguiéndose lentamente, o rápidamente... tanto como dura en quemarse un cigarrillo.
viernes, 11 de noviembre de 2011
La hilacha
Creo que ya me embolé de escribir reflexiones profundas y filosóficas de la vida.
Es más, lo leo y me da asquito... me aburre. Debe ser porque todavía me dura la calentura, el enojo, o quizá porque percibo que por más que me ponga a remodelar este blog agregándole chiches de toda clase y color, lo que necesito es un cambio más profundo, valga la redundancia.
Sí, basta ya de todo... basta de enredarme en laberintos ajenos, en hacerme problema por nimiedades y sobre todo, basta de olvidarme sistemáticamente de que tengo todas las de ganar, y encima estoy re-buena. Jajajaja. No, en serio... en este momento yo soy la única fuente medianamente creíble que le puede brindar esa preciada información a mi cerebro. Y lo necesito, porque si no, salgo a la calle creyéndome una cucaracha y tampoco es cuestión. Sí, muéranse de risa, pero al pan pan y al vino vino.
La razón de mi enojo: la hilacha.
La hilacha, tarde o temprano la mostramos todos. Pero hay hilachas e hilachas... hay algunas que uno puede obviar, a las que se acostumbra, las que decide quedarse (aún sabiendo que nunca las va a poder cortar), y hay otras que de pronto hacen que el sweater sea imponible. Que te lo ponés y sólo pensás en ese pedazo de hilo roído que tiene colgando. Son el equivalente a una mega mancha de aceite que nunca nunca NUNCA se decidió a dejarse vencer por el trenet.
Y así estamos, en que el sweater es diviiiiiiino, hermoso, unos colores de no creer, suavecito, todo lo que quieras... pero tiene un pedazo de hilacha que hace que te de cosa ponértelo. Tampoco es que vamos a salir corriendo a tirarlo en el primer contenedor, porque uno sabe cuánto quiere a ese sweater... así medio chingado y todo supo vestirnos más que bien. Nos hizo vernos lindos, atractivos... nos acompañó en momentos inolvidables, PEEEEERO...
Ahora estaba pensando... Yo como sweater, ¿tendré muchas hilachas? Quizá estoy toda apelotillada y ni me avivé! Aunque creo que no, soy bastante ponible (no sean mal pensados). No vamos a negar que algún hilito que otro me cuelga, sí... pero me gusta pensar que son de esos hilitos "adorables" que le agregan valor a la prenda.
Mentira. Puedo ser re heavy y re jodida como todos, sí. Estoy llena de hilachas... pero LLENA, eh! Pero ninguna de tooooodas mis hilachas es tan gorda como ESA.
Sí, como esa que me hace pensar: Basta de este fuckin sweater!!!
Nota de R para los no porteñoparlantes:
Qué es la hilacha: no lo podría explicar mejor que acá http://www.srtk.com/club/blog/467/
Qué es el Trenet: un quitamanchas!
Es más, lo leo y me da asquito... me aburre. Debe ser porque todavía me dura la calentura, el enojo, o quizá porque percibo que por más que me ponga a remodelar este blog agregándole chiches de toda clase y color, lo que necesito es un cambio más profundo, valga la redundancia.
Sí, basta ya de todo... basta de enredarme en laberintos ajenos, en hacerme problema por nimiedades y sobre todo, basta de olvidarme sistemáticamente de que tengo todas las de ganar, y encima estoy re-buena. Jajajaja. No, en serio... en este momento yo soy la única fuente medianamente creíble que le puede brindar esa preciada información a mi cerebro. Y lo necesito, porque si no, salgo a la calle creyéndome una cucaracha y tampoco es cuestión. Sí, muéranse de risa, pero al pan pan y al vino vino.
La razón de mi enojo: la hilacha.
La hilacha, tarde o temprano la mostramos todos. Pero hay hilachas e hilachas... hay algunas que uno puede obviar, a las que se acostumbra, las que decide quedarse (aún sabiendo que nunca las va a poder cortar), y hay otras que de pronto hacen que el sweater sea imponible. Que te lo ponés y sólo pensás en ese pedazo de hilo roído que tiene colgando. Son el equivalente a una mega mancha de aceite que nunca nunca NUNCA se decidió a dejarse vencer por el trenet.
Y así estamos, en que el sweater es diviiiiiiino, hermoso, unos colores de no creer, suavecito, todo lo que quieras... pero tiene un pedazo de hilacha que hace que te de cosa ponértelo. Tampoco es que vamos a salir corriendo a tirarlo en el primer contenedor, porque uno sabe cuánto quiere a ese sweater... así medio chingado y todo supo vestirnos más que bien. Nos hizo vernos lindos, atractivos... nos acompañó en momentos inolvidables, PEEEEERO...
Ahora estaba pensando... Yo como sweater, ¿tendré muchas hilachas? Quizá estoy toda apelotillada y ni me avivé! Aunque creo que no, soy bastante ponible (no sean mal pensados). No vamos a negar que algún hilito que otro me cuelga, sí... pero me gusta pensar que son de esos hilitos "adorables" que le agregan valor a la prenda.
Mentira. Puedo ser re heavy y re jodida como todos, sí. Estoy llena de hilachas... pero LLENA, eh! Pero ninguna de tooooodas mis hilachas es tan gorda como ESA.
Sí, como esa que me hace pensar: Basta de este fuckin sweater!!!
Nota de R para los no porteñoparlantes:
Qué es la hilacha: no lo podría explicar mejor que acá http://www.srtk.com/club/blog/467/
Qué es el Trenet: un quitamanchas!
viernes, 4 de noviembre de 2011
La alquimia de la distancia
Hay una especie de alquimia en la forma en la que nos movemos unos con respecto a los otros, unos con los otros.
Si miramos un día ajetreado en una calle muy concurrida, vamos a ver toda una danza de cuerpos que se ajustan unos a otros, tomando la distancia justa, o al menos intentándolo. Un centímetro más cerca puede ser ofensivo, generalmente un error involuntario de quien no está acostumbrado a la proxémica de una gran ciudad. Obsérvenlo. Es un ballet coordinado, bastante exacto, casi automático. En el colectivo ya sabemos que si ambos están libres, vamos a elegir el asiento individual antes que el compartido. Sólo de vez en cuando alguien se atreve a cambiar el orden programado de las cosas y rompe el esquema tomando la decisión equivocada. A penas dos centímetros más cerca, a penas un milisegundo más apretando tu mano u oliendo tu aroma en un saludo casual. Está tan calibrada la distancia entre los cuerpos, los mínimos y los máximos, que basta muy poco (realmente muy poco) para que se desequilibre. Todos notamos cuando eso sucede, todos nos equivocamos alguna vez... todos nos arriesgamos alguna vez.
Quizá esta motricidad controlada que recreamos con nuestros cuerpos sea la ilusión de lo que quisiéramos ser capaces de hacer con nuestras almas. Pero en ese terreno etéreo y resbaloso de la emociones, no funciona el piloto automático. No hay sistema métrico que valga, ni convenciones sociales sobre las distancias requeridas o las distancias tope. A veces hay alertas, sí, pero son de libre interpretación. Algunos (pobres diablos) creen que hay manuales a los que atenerse, pero terminan fallando estrepitosamente.
Ahora bien, es más difícil encontrar la homeostasis de las almas que de los cuerpos. Somos más desordenados ahí, nos movemos con menos datos estadísticos, con menos conocimiento de causa. Nunca sabemos bien hasta donde.
Sabemos que a veces, la distancia nos ayuda a crecer. Si nuestros padres no la hubiesen regulado bien, hoy día estaríamos en el horno (bueno...sí, algunos están en el horno). Crecemos solos, cambiamos solos. Crecer y cambiar, o cambiar y crecer debe ser lo que sucede mientras aprendemos a manejar las distancias...o las proximidades.
Sé que para que mi hija crezca sana, debo permitir que se aleje un poco. Y en algún lugar de mi alma, esa idea se hace eco en mi cuerpo y me duele. Me arde la mera sensación del aire que empieza a correr entre ella y yo.
Sé que para avanzar en mi vida debo soltar lo que fui en un momento y ya no soy más. Esa otra versión que quedó trunca, sin final. Me reconocí tanto tiempo allí que me cuesta entender que ya fue, que es parte de mi Historia.
Sé que para intentar algo nuevo tengo que correrme de lo seguro, de lo conocido, de lo que tuve siempre. Y me da vértigo, me atrae y me aterra, indistintamente.
Sé que no puedo atar mi corazón a una soga y lanzarlo a través del continente. Pero mi alma late lejos, y luego cerca, otra vez lejos, lejos... La proxémica del amor es por demás compleja.
Aún no sé que será de mi cuerpo, mi alma y la distancia...
Si miramos un día ajetreado en una calle muy concurrida, vamos a ver toda una danza de cuerpos que se ajustan unos a otros, tomando la distancia justa, o al menos intentándolo. Un centímetro más cerca puede ser ofensivo, generalmente un error involuntario de quien no está acostumbrado a la proxémica de una gran ciudad. Obsérvenlo. Es un ballet coordinado, bastante exacto, casi automático. En el colectivo ya sabemos que si ambos están libres, vamos a elegir el asiento individual antes que el compartido. Sólo de vez en cuando alguien se atreve a cambiar el orden programado de las cosas y rompe el esquema tomando la decisión equivocada. A penas dos centímetros más cerca, a penas un milisegundo más apretando tu mano u oliendo tu aroma en un saludo casual. Está tan calibrada la distancia entre los cuerpos, los mínimos y los máximos, que basta muy poco (realmente muy poco) para que se desequilibre. Todos notamos cuando eso sucede, todos nos equivocamos alguna vez... todos nos arriesgamos alguna vez.
Quizá esta motricidad controlada que recreamos con nuestros cuerpos sea la ilusión de lo que quisiéramos ser capaces de hacer con nuestras almas. Pero en ese terreno etéreo y resbaloso de la emociones, no funciona el piloto automático. No hay sistema métrico que valga, ni convenciones sociales sobre las distancias requeridas o las distancias tope. A veces hay alertas, sí, pero son de libre interpretación. Algunos (pobres diablos) creen que hay manuales a los que atenerse, pero terminan fallando estrepitosamente.
Ahora bien, es más difícil encontrar la homeostasis de las almas que de los cuerpos. Somos más desordenados ahí, nos movemos con menos datos estadísticos, con menos conocimiento de causa. Nunca sabemos bien hasta donde.
Sabemos que a veces, la distancia nos ayuda a crecer. Si nuestros padres no la hubiesen regulado bien, hoy día estaríamos en el horno (bueno...sí, algunos están en el horno). Crecemos solos, cambiamos solos. Crecer y cambiar, o cambiar y crecer debe ser lo que sucede mientras aprendemos a manejar las distancias...o las proximidades.
Sé que para que mi hija crezca sana, debo permitir que se aleje un poco. Y en algún lugar de mi alma, esa idea se hace eco en mi cuerpo y me duele. Me arde la mera sensación del aire que empieza a correr entre ella y yo.
Sé que para avanzar en mi vida debo soltar lo que fui en un momento y ya no soy más. Esa otra versión que quedó trunca, sin final. Me reconocí tanto tiempo allí que me cuesta entender que ya fue, que es parte de mi Historia.
Sé que para intentar algo nuevo tengo que correrme de lo seguro, de lo conocido, de lo que tuve siempre. Y me da vértigo, me atrae y me aterra, indistintamente.
Sé que no puedo atar mi corazón a una soga y lanzarlo a través del continente. Pero mi alma late lejos, y luego cerca, otra vez lejos, lejos... La proxémica del amor es por demás compleja.
Aún no sé que será de mi cuerpo, mi alma y la distancia...
martes, 25 de octubre de 2011
La inspiración en la heladera
Aún conservo algunas costumbres de mi época de estudiante (de estudiante de veras, quise decir). Cada vez que me sentaba en el escritorio de papá a preparar un examen final, transcribía prolijamente en un pedazo de papel los párrafos que me resultaban más "inspiradores" de la bibliografía que tenía que leer. Esas frases geniales que te hacen pensar: qué increíble lo que se le ocurrió a este tipo, o cómo lo expresó, o cómo llegó a esta conclusión brillante...y qué suerte que tengo yo que puedo acceder a sus pensamientos y, por qué no, apropiármelos un poco. De acuerdo a la materia, lógicamente variaban los autores, pero los temas no eran específicos... generalmente elegía frases que podían entenderse fuera del contexto de la asignatura. Y les decía que aún hoy inmortalizo fuera de los libros, las revistas o lo que fuere, muchas de esas frases y las convierto en mis "mantras" de la heladera. Sí, van a parar a la heladera... y antes de juzgarme, deberían conocerla a ella, a mi señora heladera. Condensa gran parte de mi multifacetismo: conviven en ella aspectos de lo más Utilísima Satelital, pasando por intereses musicales, viajes varios, los amores de mi vida y hasta aúna las listas más utilitarias junto con los escritos de intelectuales varios y las más célebres obras de arte.
Definitivamente mi heladera me define. Es bastante caótica y desordenada en su diseño, eso no lo puedo negar. Le cuelgan cosas... algunos muñequitos medio rotos, otros que no sé ni por qué están. Pero está llena de vida y color, de distintas texturas. En mi heladera parece que no cupiese un alfiler, sin embargo siempre encuentro espacio para agregar algo nuevo: una flamante creación de mis manos mágicas (como una etiqueta, un muñeco informe o un pedazo de cartón con lindo estampado transformado en imán), alguna foto y/o souvenir de viaje y por supuesto, no hace falta ya decirlo, frases inspiradoras en el medio de todo eso.
Confieso que a veces me gustaría que fuera más grande, para poner aún más cosas. Del mismo modo que quisiera que el día durara más horas, para hacer más cosas.
Y tooodas esas cosas que se pelean por entrar en la puerta de mi heladera, se pelean también en mi interior por ocupar más espacio.
Por un lado, cada tanto una veta intelectualoide se me cruza y tengo razonamientos un tanto crípticos, que incluyen palabras difíciles (tecnicismos, en realidad) y profundizo en las problemáticas sociales, culturales, políticas. Recuerdo que me gustaba hacer entrevistas, desgrabarlas, desentrañar y hacer añicos el discurso de los entrevistados (y el mío) para descubrir motivaciones ocultas, intereses subterráneos, pensamientos inconscientes que se colaban en el habla. Podría haberlo hecho...podría hacerlo aún, pero no. Creo que no. Me aburrió un poco. Por ahora...
En paralelo, alguna vez sueño con no trabajar más de nada convencional y dedicarme al arte y a la creación... pintar, dibujar, hacer quilting, origami, decoupage (la verdad es que casi una dama victoriana, ahora que lo pienso!). Suelo tener miles de ideas en mi mente de objetos que quiero pintar, lijar, deformar, inventar... pero la triste verdad es que pocas veces pongo esas ideas en práctica. La falta de tiempo dicen que no existe, así que debe ser simplemente el temor al quilombo que me queda después para ordenar.
Los viajes son un tópico bastante convencional en las heladeras, no son de lo más original, no? Pero bueno, en mi cabeza el "travel bug" aún está. Y sí... me pica aún el bichito. Después del corralito quedé confinada a los vastos pero confines al fin, de mi querida patria. Conocí lugares arrrmosos, no me pudo quejar, pero qué decir... me hace falta más mundo, señores! Mis ganas de viajar son cuasi insaciables, y esa siempre es una razón para pensar que vale la pena trabajar duro.... solamente por eso. Para poder viajar cuando quiera. Donde quiera. Sólo eso lo vale (si obviamos el pequeño tema de la automanutención y manutención de mi hija, ooobviamente).
Y hablando de Roma... en mi heladera no podía faltar Vera, mi Vera, mi mejor creación. Vera está en la heladera de muchas formas... no sólo sus fotos, sus imanes de dibujitos animados y stickers de Toy Story 3: mi heladera es para ella. Ella tiene su espacio, pero las dos sabemos que al fin y al cabo, esa heladera es toda suya. Que esos sueños imantados, tan heterogéneos, siempre pegoteados unos a otros, son los sueños que algún día quiero cumplir no sólo por mí, sino por ella.
Y quién sabe, quizá alguno finalmente se haga realidad y Veris diga: "Esa es mi mamá!".
Una de las frases de mi heladera:
"Nosotros debemos buscar un estilo de vida que permita una creatividad generalizada que se exprese en todos los ámbitos, en las artes como en la ciencia o en la vida social".
Suchodollski, 1993 (La materia era Didáctica, I guess)
Definitivamente mi heladera me define. Es bastante caótica y desordenada en su diseño, eso no lo puedo negar. Le cuelgan cosas... algunos muñequitos medio rotos, otros que no sé ni por qué están. Pero está llena de vida y color, de distintas texturas. En mi heladera parece que no cupiese un alfiler, sin embargo siempre encuentro espacio para agregar algo nuevo: una flamante creación de mis manos mágicas (como una etiqueta, un muñeco informe o un pedazo de cartón con lindo estampado transformado en imán), alguna foto y/o souvenir de viaje y por supuesto, no hace falta ya decirlo, frases inspiradoras en el medio de todo eso.
Confieso que a veces me gustaría que fuera más grande, para poner aún más cosas. Del mismo modo que quisiera que el día durara más horas, para hacer más cosas.
Y tooodas esas cosas que se pelean por entrar en la puerta de mi heladera, se pelean también en mi interior por ocupar más espacio.
Por un lado, cada tanto una veta intelectualoide se me cruza y tengo razonamientos un tanto crípticos, que incluyen palabras difíciles (tecnicismos, en realidad) y profundizo en las problemáticas sociales, culturales, políticas. Recuerdo que me gustaba hacer entrevistas, desgrabarlas, desentrañar y hacer añicos el discurso de los entrevistados (y el mío) para descubrir motivaciones ocultas, intereses subterráneos, pensamientos inconscientes que se colaban en el habla. Podría haberlo hecho...podría hacerlo aún, pero no. Creo que no. Me aburrió un poco. Por ahora...
En paralelo, alguna vez sueño con no trabajar más de nada convencional y dedicarme al arte y a la creación... pintar, dibujar, hacer quilting, origami, decoupage (la verdad es que casi una dama victoriana, ahora que lo pienso!). Suelo tener miles de ideas en mi mente de objetos que quiero pintar, lijar, deformar, inventar... pero la triste verdad es que pocas veces pongo esas ideas en práctica. La falta de tiempo dicen que no existe, así que debe ser simplemente el temor al quilombo que me queda después para ordenar.
Los viajes son un tópico bastante convencional en las heladeras, no son de lo más original, no? Pero bueno, en mi cabeza el "travel bug" aún está. Y sí... me pica aún el bichito. Después del corralito quedé confinada a los vastos pero confines al fin, de mi querida patria. Conocí lugares arrrmosos, no me pudo quejar, pero qué decir... me hace falta más mundo, señores! Mis ganas de viajar son cuasi insaciables, y esa siempre es una razón para pensar que vale la pena trabajar duro.... solamente por eso. Para poder viajar cuando quiera. Donde quiera. Sólo eso lo vale (si obviamos el pequeño tema de la automanutención y manutención de mi hija, ooobviamente).
Y hablando de Roma... en mi heladera no podía faltar Vera, mi Vera, mi mejor creación. Vera está en la heladera de muchas formas... no sólo sus fotos, sus imanes de dibujitos animados y stickers de Toy Story 3: mi heladera es para ella. Ella tiene su espacio, pero las dos sabemos que al fin y al cabo, esa heladera es toda suya. Que esos sueños imantados, tan heterogéneos, siempre pegoteados unos a otros, son los sueños que algún día quiero cumplir no sólo por mí, sino por ella.
Y quién sabe, quizá alguno finalmente se haga realidad y Veris diga: "Esa es mi mamá!".
Una de las frases de mi heladera:
"Nosotros debemos buscar un estilo de vida que permita una creatividad generalizada que se exprese en todos los ámbitos, en las artes como en la ciencia o en la vida social".
Suchodollski, 1993 (La materia era Didáctica, I guess)
martes, 18 de octubre de 2011
la mujer, el sexo y el débil
Tengo una copia cuasi virgen de una novela de Jane Austen sobre mi mesita de luz. Me mira con aires seductores, pero decidí que voy a escribir un poco...para despuntar el vicio, nomás.
Jane Austen es una de mis escritoras favoritas. Creo que plasma la esencia femenina de forma tan genial, tan lúcida, que no importa que sus relatos tengan ya dos siglos de historia. ¿Cómo puede Austen hacer que me enamore tan profundamente de sus personajes, que me identifique hasta los huesos con sus damiselas del siglo XIX? ¿Por qué leo y veo sus historias de amor emuladas y plagiadas en innumerables películas, en cantidad de obras literarias posteriores? Y esta vez no voy a alegar como de costumbre que me chifla el moño, que estoy chapa chapa ni ninguna de esas cosas (sean reales o no). Porque esta vez hay todo un ejército de mujeres que van a apoyar mi moción...y seguro que algún hombre bien decidido también.
Hoy en la radio tuve un ápice de respuesta a este eterno interrogante... y no es que le quiera dar la razón a los misóginos cuando dicen que las mujeres somos todas iguales, pero la verdad es que en algunas cosas nos parecemos bastante, che.
En la oficina escuchamos de vez en cuando un programa de radio con una sección que se llama "Da para darse". La gente llama para hacer una llamada telefónica "al aire" a alguna persona con la que tienen, pura y llanamente, ganas de acostarse. La cosa es darse...sólo darse. Y en determinado momento de la charla telefónica, el interesado tiene que hacerle esta pregunta textual a su interlocutor. Obviamente en las respuestas a semejante proposición hay de todo...los que agarran viaje de una, los que dan más vueltas, los que se ofenden, los que sólo se ríen. De todo y para todos los gustos.
Ahora bien, hoy la respuesta de una mujer me quedó dando vueltas en la cabeza....y ahí es donde entra Austen, y también mi querida Maitena, por qué no. Era una mujer grande, digamos que ya no se cocía en el primer hervor. Tendría unos cincuenta y pico e incluso estaba cuidando a algún nieto. El galán también tenía sus añitos... ningún imberbe y a juzgar por como hablaba, todo un Don Juan. Cuando el señor ametralla con el esperado: "Rosita, da para darse?", ella sin que se le mueva un pelo ni le tiemble la voz, responde entusiasta: "Más vaaale". Hasta ahí todo en orden, puede llegar a divertir la soltura de la señora, pero hasta ahí. Sin embargo al rato, cuando ya estaban cerrando el asunto, la señora añade.... "y... DA para darse, pero no sé, la verdad. Me da miedo...porque me voy a enamorar". Aaaaaaay, Cuán MUJER que sos, Rosita!!!! Qué lo parió....parece que ni a los cincuenta estamos exentas.. ! (lo mismo pensó y expresó la locutora del programa).
Yo pensaba que con los años, los tropiezos, el ensayo-error y todo eso, a la mediana edad ya lo teníamos más resueltito ese mambo! Pero parece que no...
¿Será por eso que nos llaman sexo débil? ¿Porque se nos dificulta poner el cuerpo sin ponerle el alma a las cosas? Yo sé que hay féminas en este mundo que lograron romper estas trabas... sí. Pero si es por eso también hay aeronaves que quebraron la velocidad del sonido...y? Por ahora, en el 2011, la velocidad máxima a la que vuela un avión comercial es alrededor de 700 kilómetros por hora, y las mujeres siguen amalgamando el sexo al amor, o al sentimiento amoroso, o al enamoramiento... como quieran llamarle. Y eso no significa necesariamente que sí o sí necesitemos estar enamoradas para acostarnos con alguien, pero sí que en algún momento va a pasar... antes o después, pero va a pasar seguro. Por lo menos vamos a fantasear cómo sería estar con el susodicho a futuro y miles de etcéteras a partir de acá.
Pero volvamos a Rosita, porque después de todo, Rosita tenía "miedo" a enamorarse...y créanme, esto sí que no es exclusivamente femenino... ¿o me equivoco, acaso? Y vieron qué simple... siendo el enamoramiento uno de los sentimientos más sublimes (y buscados) por los seres humanos, seguro que todos los lectores entendieron sin requerir explicación alguna que al mismo tiempo es algo susceptible de temer, y temer de veras. Esto supera hasta al mismísimo paradigma del mundo postmoderno (fobias de todo tipo y color, síndromes de Peter Pan, de Wendy y de los niños perdidos, bla bla bla). Lo supera porque el cuiqui a enamorarse existe desde que el mundo es mundo, y léase miedo a sufrir, aunque al fin y al cabo, todos sufrimos por no sufrir en algún momento. ¿Qué boludos, no?
Jane Austen es una de mis escritoras favoritas. Creo que plasma la esencia femenina de forma tan genial, tan lúcida, que no importa que sus relatos tengan ya dos siglos de historia. ¿Cómo puede Austen hacer que me enamore tan profundamente de sus personajes, que me identifique hasta los huesos con sus damiselas del siglo XIX? ¿Por qué leo y veo sus historias de amor emuladas y plagiadas en innumerables películas, en cantidad de obras literarias posteriores? Y esta vez no voy a alegar como de costumbre que me chifla el moño, que estoy chapa chapa ni ninguna de esas cosas (sean reales o no). Porque esta vez hay todo un ejército de mujeres que van a apoyar mi moción...y seguro que algún hombre bien decidido también.
Hoy en la radio tuve un ápice de respuesta a este eterno interrogante... y no es que le quiera dar la razón a los misóginos cuando dicen que las mujeres somos todas iguales, pero la verdad es que en algunas cosas nos parecemos bastante, che.
En la oficina escuchamos de vez en cuando un programa de radio con una sección que se llama "Da para darse". La gente llama para hacer una llamada telefónica "al aire" a alguna persona con la que tienen, pura y llanamente, ganas de acostarse. La cosa es darse...sólo darse. Y en determinado momento de la charla telefónica, el interesado tiene que hacerle esta pregunta textual a su interlocutor. Obviamente en las respuestas a semejante proposición hay de todo...los que agarran viaje de una, los que dan más vueltas, los que se ofenden, los que sólo se ríen. De todo y para todos los gustos.
Ahora bien, hoy la respuesta de una mujer me quedó dando vueltas en la cabeza....y ahí es donde entra Austen, y también mi querida Maitena, por qué no. Era una mujer grande, digamos que ya no se cocía en el primer hervor. Tendría unos cincuenta y pico e incluso estaba cuidando a algún nieto. El galán también tenía sus añitos... ningún imberbe y a juzgar por como hablaba, todo un Don Juan. Cuando el señor ametralla con el esperado: "Rosita, da para darse?", ella sin que se le mueva un pelo ni le tiemble la voz, responde entusiasta: "Más vaaale". Hasta ahí todo en orden, puede llegar a divertir la soltura de la señora, pero hasta ahí. Sin embargo al rato, cuando ya estaban cerrando el asunto, la señora añade.... "y... DA para darse, pero no sé, la verdad. Me da miedo...porque me voy a enamorar". Aaaaaaay, Cuán MUJER que sos, Rosita!!!! Qué lo parió....parece que ni a los cincuenta estamos exentas.. ! (lo mismo pensó y expresó la locutora del programa).
Yo pensaba que con los años, los tropiezos, el ensayo-error y todo eso, a la mediana edad ya lo teníamos más resueltito ese mambo! Pero parece que no...
¿Será por eso que nos llaman sexo débil? ¿Porque se nos dificulta poner el cuerpo sin ponerle el alma a las cosas? Yo sé que hay féminas en este mundo que lograron romper estas trabas... sí. Pero si es por eso también hay aeronaves que quebraron la velocidad del sonido...y? Por ahora, en el 2011, la velocidad máxima a la que vuela un avión comercial es alrededor de 700 kilómetros por hora, y las mujeres siguen amalgamando el sexo al amor, o al sentimiento amoroso, o al enamoramiento... como quieran llamarle. Y eso no significa necesariamente que sí o sí necesitemos estar enamoradas para acostarnos con alguien, pero sí que en algún momento va a pasar... antes o después, pero va a pasar seguro. Por lo menos vamos a fantasear cómo sería estar con el susodicho a futuro y miles de etcéteras a partir de acá.
Pero volvamos a Rosita, porque después de todo, Rosita tenía "miedo" a enamorarse...y créanme, esto sí que no es exclusivamente femenino... ¿o me equivoco, acaso? Y vieron qué simple... siendo el enamoramiento uno de los sentimientos más sublimes (y buscados) por los seres humanos, seguro que todos los lectores entendieron sin requerir explicación alguna que al mismo tiempo es algo susceptible de temer, y temer de veras. Esto supera hasta al mismísimo paradigma del mundo postmoderno (fobias de todo tipo y color, síndromes de Peter Pan, de Wendy y de los niños perdidos, bla bla bla). Lo supera porque el cuiqui a enamorarse existe desde que el mundo es mundo, y léase miedo a sufrir, aunque al fin y al cabo, todos sufrimos por no sufrir en algún momento. ¿Qué boludos, no?
jueves, 15 de septiembre de 2011
filosofía de almohada
Vamos a bloguear un rato, pensé.
Anoche, mientras ejercía pacientemente mi deber de madre durmiendo a mi hija, pensaba con ritmo.
De vuelta... ese modo de pensamiento que me lleva al teclado, tarde o temprano. Pero mucho no me acuerdo ya de lo que pensaba, en esa mezcla de consciencia e inconsciencia que se me genera tratando de que la niña concilie el sueño... suelo conciliarlo antes yo que ella, para variar. Más gajes del oficio, señores... quedarse dormido cuando el objetivo es que se duerma el pequeño.
Es así... uno hace lo que puede. Lo curioso es que en el interín me van surgiendo cosas... a veces imágenes tan nítidas que casi parecen reales: añoranzas, deseos, ensayos de una realidad posible. Alguna que otra vez una lágrima solitaria, pero no por eso menos densa y contundente.
Sin embargo la época de los llantos caudalosos en el silencio previo al descanso quedó atrás. Ahora me secuestran pensamientos lindos, llenos de luz, de color, de aromas. Y sí, me secuestran, porque en un punto no sé lo que estoy haciendo mientras pienso. Qué tocadita del techo que estoy, no? Sí, amigos, hete aquí la que no puede mascar chicle y pensar al mismo tiempo. Bueeeeeno, depende pensar en qué, no? Cuando pienso cosas positivas, cosas lindas, cosas....cosas....cosas interesantes, digamos, NO ME JOROBEN. Me dedico a pensar y ya fue. Si la estoy pasando bomba con mi "pensamiento", por qué voy a complicarme la vida intentando otra actividad? Y aunque usted no lo crea, cuando a mí se me da que el bocho trabaje, no hay actividad que lo frene. ¿Quién no intentó atiborrarse de cosas para hacer para dejar de pensar en algo en particular? (afrontémoslo... en ALGUIEN en particular) Pero no. En mi caso, difííííííícil que lo logre. Porque una vez que arranca, es un caso perdido. Eso sí.... gracias a algunos añitos invertidos en terapia de tanto en tanto consigo cortar un poco el chorro (un poco eh!) cuando esos pensamientos atrapantes dejan de ser placenteros y me convierto en una prisionera de las FARC.
Ayer desempolvé un anillo que hace mil que no usaba y que dice CARPE DIEM. Qué lindo lema... hay que pulirlo, igual. Ya se sabe, hay que mirar para adelante, también. Pero creo que debe haber un momento en el día en el que nos tenemos que maravillar de lo increíblemente irrepetible que es todo. Es mágico.... no hace falta Tolkien, ni Spielberg, ni nada, porque si se lo ponen a pensar... a pensar con esta densidad con la que a veces yo pienso.... la realidad supera la ficción. ¿Entienden lo que les digo? Vivimos en un mundo donde no se puede hacer nunca lo mismo, y eso es desquiciado en sí, sobre todo para la racionalización del tiempo que tenemos (el tiempo es dinero, etc. etc.) No hay un solo segundo igual al otro, ya está, ya se fue, RIP. Ahora otro, y otro, y otro...y esa interminable sucesión de nada... porque es nada hasta que no hacemos algo, hasta que no se movió algo, hasta que no cambió algo.
Así que descubrí que el tiempo puede ser algo además que dinero... (si es que es dinero, en algún caso). Mi tiempo es una sucesión de acontecimientos variaditos variaditos...tipo potpurrí. Y apuesto que el de ustedes también.
Ahora ustedes pensarán.... a esta mina le patina el bocho maaaal y de pronto se acordó de las pelotudeces que estaba pensando antes de dormir a su POBRE hija. Bueno, lo acepto.... me puse medio filosofía trascendental...y no entiendo un joraca de eso. No era mi intención acercarles filosofía barata NI cara, estilo Osho o Dalai Lama.
Yo sólo sé que ayer flasheé pensando que la imposibilidad de repetir absolutamente nada es una de las cosas más fascinantes que nos suceden a los humanos... y de ahí que está bueno encarar la vida con una tabla de surf bajo el brazo. Tratando de seguir la onda.... a veces estaremos arriba, y otras, qué se le va a hacer, abajo.
Ahora sí los planto.... tengo un bollito calentito y con rulitos enroscado en mi cama, que de vez en cuando tose (snif), y me voy a hacerle compañía. Sin duda, uno de los acontecimientos más trascendentes del dia....
Anoche, mientras ejercía pacientemente mi deber de madre durmiendo a mi hija, pensaba con ritmo.
De vuelta... ese modo de pensamiento que me lleva al teclado, tarde o temprano. Pero mucho no me acuerdo ya de lo que pensaba, en esa mezcla de consciencia e inconsciencia que se me genera tratando de que la niña concilie el sueño... suelo conciliarlo antes yo que ella, para variar. Más gajes del oficio, señores... quedarse dormido cuando el objetivo es que se duerma el pequeño.
Es así... uno hace lo que puede. Lo curioso es que en el interín me van surgiendo cosas... a veces imágenes tan nítidas que casi parecen reales: añoranzas, deseos, ensayos de una realidad posible. Alguna que otra vez una lágrima solitaria, pero no por eso menos densa y contundente.
Sin embargo la época de los llantos caudalosos en el silencio previo al descanso quedó atrás. Ahora me secuestran pensamientos lindos, llenos de luz, de color, de aromas. Y sí, me secuestran, porque en un punto no sé lo que estoy haciendo mientras pienso. Qué tocadita del techo que estoy, no? Sí, amigos, hete aquí la que no puede mascar chicle y pensar al mismo tiempo. Bueeeeeno, depende pensar en qué, no? Cuando pienso cosas positivas, cosas lindas, cosas....cosas....cosas interesantes, digamos, NO ME JOROBEN. Me dedico a pensar y ya fue. Si la estoy pasando bomba con mi "pensamiento", por qué voy a complicarme la vida intentando otra actividad? Y aunque usted no lo crea, cuando a mí se me da que el bocho trabaje, no hay actividad que lo frene. ¿Quién no intentó atiborrarse de cosas para hacer para dejar de pensar en algo en particular? (afrontémoslo... en ALGUIEN en particular) Pero no. En mi caso, difííííííícil que lo logre. Porque una vez que arranca, es un caso perdido. Eso sí.... gracias a algunos añitos invertidos en terapia de tanto en tanto consigo cortar un poco el chorro (un poco eh!) cuando esos pensamientos atrapantes dejan de ser placenteros y me convierto en una prisionera de las FARC.
Ayer desempolvé un anillo que hace mil que no usaba y que dice CARPE DIEM. Qué lindo lema... hay que pulirlo, igual. Ya se sabe, hay que mirar para adelante, también. Pero creo que debe haber un momento en el día en el que nos tenemos que maravillar de lo increíblemente irrepetible que es todo. Es mágico.... no hace falta Tolkien, ni Spielberg, ni nada, porque si se lo ponen a pensar... a pensar con esta densidad con la que a veces yo pienso.... la realidad supera la ficción. ¿Entienden lo que les digo? Vivimos en un mundo donde no se puede hacer nunca lo mismo, y eso es desquiciado en sí, sobre todo para la racionalización del tiempo que tenemos (el tiempo es dinero, etc. etc.) No hay un solo segundo igual al otro, ya está, ya se fue, RIP. Ahora otro, y otro, y otro...y esa interminable sucesión de nada... porque es nada hasta que no hacemos algo, hasta que no se movió algo, hasta que no cambió algo.
Así que descubrí que el tiempo puede ser algo además que dinero... (si es que es dinero, en algún caso). Mi tiempo es una sucesión de acontecimientos variaditos variaditos...tipo potpurrí. Y apuesto que el de ustedes también.
Ahora ustedes pensarán.... a esta mina le patina el bocho maaaal y de pronto se acordó de las pelotudeces que estaba pensando antes de dormir a su POBRE hija. Bueno, lo acepto.... me puse medio filosofía trascendental...y no entiendo un joraca de eso. No era mi intención acercarles filosofía barata NI cara, estilo Osho o Dalai Lama.
Yo sólo sé que ayer flasheé pensando que la imposibilidad de repetir absolutamente nada es una de las cosas más fascinantes que nos suceden a los humanos... y de ahí que está bueno encarar la vida con una tabla de surf bajo el brazo. Tratando de seguir la onda.... a veces estaremos arriba, y otras, qué se le va a hacer, abajo.
Ahora sí los planto.... tengo un bollito calentito y con rulitos enroscado en mi cama, que de vez en cuando tose (snif), y me voy a hacerle compañía. Sin duda, uno de los acontecimientos más trascendentes del dia....
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Prende y apaga
Lleva tiempo conocerse. Conocer los propios gustos, a veces cuesta reconocerse medio tocadito en algunos. Normalmente distinguimos mejor lo que no nos gusta que lo que sí... incluso llegamos a pensar que algo no nos atrae y sin embargo nos tiene ahí rendidos... por más inverosímil que parezca, por más patético, por más enfermo. Pero para entenderlo hay que conocerlo... hay que animarse al agujero interior.
De todas las preguntas del cuestionario de Proust que hace James Lipton en el Show de Actors Studio, hay dos que me fascinan: what turns you on? (qué te enciende) y what turns you off? (qué te apaga). Muchas veces me quedé reflexionando estas preguntas... con muchas ganas de respondérselas a alguien, pero mayormente a mí. Y en esta tercera década de mi vida, estoy orgullosa de haber logrado entrar Y SALIR de mis laberintos internos y finalmente reconocer qué me prende y qué me apaga (al menos por ahora), hablando de vínculos interpersonales.
Me prendo con la locura linda, con la ternura arriesgada, con el fogonazo y la caída libre. Me enciende la imaginación abierta, la valentía, la entrega vehemente, la expresión oral, la expresión corporal, la expresión toda. Aunque parezca redundante, me DERRITE el calor, la calidez, la búsqueda, la magia del chispazo, pero sobre todo la persistencia, sin dejar de ser insolente ni imprevisible, pero insistente, esa profunda sed que se sacia y se renueva en el encuentro con el otro.
Me apagan la racionalización, la matematización del alma, la rienda al sentimiento, la represión pautada, la represión irrefrenable (qué paradoja). Me apagan las vueltas, las idas, las retiradas, la cobardía, el hermetismo, el silencio gélido, la inmovilidad, el susto.
La histeria y el cinismo directamente me dejan a oscuras, privada de sensaciones, de emociones, no es que me apaguen, más bien me anulan.
El otro día volví a ver "Átame", y cómo no, volví a enamorarme de Banderas en el papel de Ricky. Estando más loco que una cabra, Ricky tenía certezas sobre lo que quería en su vida, (y no es que me olvide del hecho de que Banderas en ese film está para el crimen más allá de lo que pueda tener en el marote), pero ¿acaso hay algo más afrodisíaco que eso? Quiero decir...¿hay algo que encienda más que un tipo decidido (aunque loco de la guerra)....? Ene O. NO. Después de todo, si me va a tocar un loco, que sea un loco de amor, como Ricky.
De todas las preguntas del cuestionario de Proust que hace James Lipton en el Show de Actors Studio, hay dos que me fascinan: what turns you on? (qué te enciende) y what turns you off? (qué te apaga). Muchas veces me quedé reflexionando estas preguntas... con muchas ganas de respondérselas a alguien, pero mayormente a mí. Y en esta tercera década de mi vida, estoy orgullosa de haber logrado entrar Y SALIR de mis laberintos internos y finalmente reconocer qué me prende y qué me apaga (al menos por ahora), hablando de vínculos interpersonales.
Me prendo con la locura linda, con la ternura arriesgada, con el fogonazo y la caída libre. Me enciende la imaginación abierta, la valentía, la entrega vehemente, la expresión oral, la expresión corporal, la expresión toda. Aunque parezca redundante, me DERRITE el calor, la calidez, la búsqueda, la magia del chispazo, pero sobre todo la persistencia, sin dejar de ser insolente ni imprevisible, pero insistente, esa profunda sed que se sacia y se renueva en el encuentro con el otro.
Me apagan la racionalización, la matematización del alma, la rienda al sentimiento, la represión pautada, la represión irrefrenable (qué paradoja). Me apagan las vueltas, las idas, las retiradas, la cobardía, el hermetismo, el silencio gélido, la inmovilidad, el susto.
La histeria y el cinismo directamente me dejan a oscuras, privada de sensaciones, de emociones, no es que me apaguen, más bien me anulan.
El otro día volví a ver "Átame", y cómo no, volví a enamorarme de Banderas en el papel de Ricky. Estando más loco que una cabra, Ricky tenía certezas sobre lo que quería en su vida, (y no es que me olvide del hecho de que Banderas en ese film está para el crimen más allá de lo que pueda tener en el marote), pero ¿acaso hay algo más afrodisíaco que eso? Quiero decir...¿hay algo que encienda más que un tipo decidido (aunque loco de la guerra)....? Ene O. NO. Después de todo, si me va a tocar un loco, que sea un loco de amor, como Ricky.
jueves, 1 de septiembre de 2011
Preguntas Kamikaze
¿Cuántas veces se arrepintieron de preguntar algo? Si bien el refrán dice que es mejor arrepentirse de hacer algo de que no hacerlo, claramente no es el caso de las preguntas. A veces preguntar, nos transporta a un laberinto de difícil salida...estilo The Shining (El Resplandor).
Sea como sea, a la gente como yo, las preguntas jodidas les joden en la boca, valga la redundancia. Revolotean de acá para allá, molestan: nos hacen picar la lengua. Y finalmente, por más que demos vueltas y vueltas tratando de contenerlas, ese fragmento insatisfecho de nuestra mente se derrama a través de los dientes y sale a la luz. Lo peor es que se evapora tan instantáneamente, que hace imposible regresarlo a la oscuridad de nuestra boca. Y ahí cae, como escupitajo de deportista, irrefrenable, al pasto. Ahí va la pregunta kamikaze del día, así que hay que prepararse para el impacto....rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr. Sí, obviamente el caza japonés hundió el acorazado. Por más que en el fondo la pregunta se resbala porque busca esa respuesta que consuele, si es kamikaze es porque no hay respuesta buena para ella. Asumámoslo, che. Es de esas preguntas en las que tenés el NO seguro...esas preguntas que te tenés que callar, porque no hay forma de que escuches lo que querías escuchar, es más, suele ser bastante peor que lo que NO querías.
Y lo peor de esto, es que vamos a la misión suicida creyendo que saldremos ilesos... sin prepararnos en lo más mínimo para esa respuesta pringosa, porque la fuerza del golpe se transforma en esos recuerdos que uno desearía que no vinieran nunca más a la mente, y sin embargo quedan pegados como chicle en banco de escuela.
Se puede tener todo un abanico de sensaciones a partir de una pregunta suicida: enojo, vergüenza, desesperanza, resignación, dolor, miedo.... alivio NO. Y entonces, ¿Para qué preguntamos? No sé, si lo supiera me callaría, quiero suponer.
Pero no todo está perdido, señores. Si alguna vez les pasó (y no soy la única loca de mierda a la que le ocurren estas cosas), les cuento que al menos yo, me siento un poquito más aliviada cuando reconozco que fue todo idea mía de cabo a rabo. Yo con mi propio laberinto portátil, con un espiral desplegable que llevo en el bolsillo. Y ahí ya no me da taaanto miedito... es el tren fantasma de siempre, qué se yo... ya lo conozco... Siempre haciéndome manganetas! jajaja Y sí...yastá. La próxima me pongo cinta scotch en la boca y fue.
Sea como sea, a la gente como yo, las preguntas jodidas les joden en la boca, valga la redundancia. Revolotean de acá para allá, molestan: nos hacen picar la lengua. Y finalmente, por más que demos vueltas y vueltas tratando de contenerlas, ese fragmento insatisfecho de nuestra mente se derrama a través de los dientes y sale a la luz. Lo peor es que se evapora tan instantáneamente, que hace imposible regresarlo a la oscuridad de nuestra boca. Y ahí cae, como escupitajo de deportista, irrefrenable, al pasto. Ahí va la pregunta kamikaze del día, así que hay que prepararse para el impacto....rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr. Sí, obviamente el caza japonés hundió el acorazado. Por más que en el fondo la pregunta se resbala porque busca esa respuesta que consuele, si es kamikaze es porque no hay respuesta buena para ella. Asumámoslo, che. Es de esas preguntas en las que tenés el NO seguro...esas preguntas que te tenés que callar, porque no hay forma de que escuches lo que querías escuchar, es más, suele ser bastante peor que lo que NO querías.
Y lo peor de esto, es que vamos a la misión suicida creyendo que saldremos ilesos... sin prepararnos en lo más mínimo para esa respuesta pringosa, porque la fuerza del golpe se transforma en esos recuerdos que uno desearía que no vinieran nunca más a la mente, y sin embargo quedan pegados como chicle en banco de escuela.
Se puede tener todo un abanico de sensaciones a partir de una pregunta suicida: enojo, vergüenza, desesperanza, resignación, dolor, miedo.... alivio NO. Y entonces, ¿Para qué preguntamos? No sé, si lo supiera me callaría, quiero suponer.
Pero no todo está perdido, señores. Si alguna vez les pasó (y no soy la única loca de mierda a la que le ocurren estas cosas), les cuento que al menos yo, me siento un poquito más aliviada cuando reconozco que fue todo idea mía de cabo a rabo. Yo con mi propio laberinto portátil, con un espiral desplegable que llevo en el bolsillo. Y ahí ya no me da taaanto miedito... es el tren fantasma de siempre, qué se yo... ya lo conozco... Siempre haciéndome manganetas! jajaja Y sí...yastá. La próxima me pongo cinta scotch en la boca y fue.
viernes, 26 de agosto de 2011
De película
A veces pienso que mi vida es de película. No porque mi historia en sí merezca una, pero la verdad es que hay momentos tan ficcionarios en mi realidad que parecen sacados de un film. Y si no hay de esos momentos, creo que también me los fabrico, los busco, qué se yo... Soy como un imán de excentricidades.
No sé si está bueno que tu vida sea de película... depende de qué género, no? Yo creo que pasé por todos.... Mmmm. Bueeeeno, alguno debe faltar. Del condicionado vengo flojito....jajaja. Por ejemplo...de terror, seguro. Una vez a los trece o catorce años me desperté un sábado a la mañana y había un hombre totalmente desconocido parado en el living de mi casa. Yo abrí los ojos y lo vi desde la cama. Me miraba con los ojos oscuros...no sé llenos de qué, si de curiosidad, sorpresa o libidinosidad. Yo le sostuve la mirada, muda, inmóvil. En la cama de al lado, mi abuelita....durmiendo como la mejor, obvio. De lo único que yo era consciente en ese momento era de que mi vieja había salido temprano y me había dejado cuidando a mi abuela.
Para mí el tipo estuvo unos cuantos minutos, pero en realidad no lo sé. Finalmente se dio vuelta y se fue por el pasillo. Escuché que pasaba la mano por la pared y bajaba la larga escalera de mi casa. Cerró la puerta. Pum.
Tardé más de media hora en reaccionar, totalmente paralizada. Fui hasta la cocina y agarré una compotera de vidrio. De esas durex de color ámbar. No sabría decir por qué en mi pequeña cabecita púber pensaba que podía ser una herramienta para defenderme. En fin.... la cuestión es que "armada" con la compotera y aún en pijama me aventuré a bajar la escalera para asegurarme que el intruso no estuviese aún dentro de mi casa. Incluso me armé de valor y recorrí tooooodo el depósito que Yarlux había utilizado tantos años, y que ahora era un compendio de cajas y mugre.
No estaba, che...Qué desilusión! Yo que me había creído Rambo... Eso sí, cuando subí me puse a llorar a moco tendido. Nunca supe quién era ese hombre, pero sin lugar a dudas me hizo sentir en una peli de terrorrrrrrrrr.
Y esa es una anécdota nomás, porque de veras que que las hay las hay. De chica (muy chica) yo me re creía la película en que vivía. Un verano, ¿en el 85, habrá sido? No sé, pero aún vivía mi viejo y yo no había empezado primer grado. Estábamos veraneando en Valeria del Mar y en la almacén de "Lacho" vi un disfraz de la mujer maravilla. Wow. Era YO. No es que me gustaba la mujer maravilla....YO era la mujer maravilla....así funcionaba mi marote....jajaja. NECESITABA ese disfraz, y YA. No sé cuánto habré roto los kinotos, porque al rato tenía el bendito traje. ¡Y encima era truchísmo! Tenía una careta de plástico con rebarbas que les juro que te cortaba si lo agarrabas de chanfle. Unos lindos agujeritos a los costados para pasar el elástico más delgado que un pelo y chau, arreglate. Pero yo estaba CHOCHA. No cabía en mi felicidad y en mis ganas de usarlo. Creo que hasta quería ir a la playa vestida de comic. Obviamente no me dejaron, entonces mi frondosa imaginación de infante generó una imagen mental espectacular llena de glamour....bien de película. Me imaginé que en mi casa de Valeria organizaba un gran baile de disfraces. Todos disfraces espléndidos, únicos. Con música, comida y fuegos artificiales....como las fiestas de los ricos que mostraban en las pelis.
Y cuando yo les dije que si las excentricidades no me pasaban las buscaba, no les mentía. Esa tarde en la playa, en la cuadra de mi casa y en todos lados, invité a cuanto niño había en el balneario a venir a una gran fiesta de disfraces en mi casa. A la noche empezaron a tocar el timbre niños vestidos del pato Donald, de los Ositos Cariñosos y no recuerdo qué mas. Mi mamá lógicamente no me había dado bolilla cuando le anuncié que esa misma noche se venía la gran fiesta gran (una más de mis desvariaciones infantiles, habrá pensado), así que, ante la inesperada llegada de niños disfrazados, no tuvo otra alternativa que ponerse a hacer tostones (pochoclo). Bueno, qué esperaban? ¿La música y la pirotecnia como en las fiestas de los "ricos"? jajaja.
El resto de mi infancia siempre me dediqué a congregar gente para shows varios: recitaba poesías, himnos o lo que supiera en las reuniones familiares y organizaba obras de teatro alusorias a Navidad, Pascua o lo que fuera que se festejara. Escribía los guiones, conseguía el vestuario y dibujaba o armaba la escenografía. Ponía a mis primos (en España) y a mis sobrinos (en Argentina) a actuar en mi improvisada compañía.
Qué niña agotadora, por Dios! jajaja No me aguantaría a mí misma un minuto. Pero bueno, calculo que algo tenía que hacer con esa cabeza que no paraba....
El otro día, luego de expresarle una idea muy loca que se me había cruzado en el momento, le dije a mi sobrina Maqui que mi cabeza no me daba tregua, y ella me respondió: ojalá que nunca te de tregua, tía.
No sé si me dará tregua, pero que mi vida es de película, es de película. Y en este momento, amigos, es una de Ciencia Ficción....uno de mis géneros favoritos!
No sé si está bueno que tu vida sea de película... depende de qué género, no? Yo creo que pasé por todos.... Mmmm. Bueeeeno, alguno debe faltar. Del condicionado vengo flojito....jajaja. Por ejemplo...de terror, seguro. Una vez a los trece o catorce años me desperté un sábado a la mañana y había un hombre totalmente desconocido parado en el living de mi casa. Yo abrí los ojos y lo vi desde la cama. Me miraba con los ojos oscuros...no sé llenos de qué, si de curiosidad, sorpresa o libidinosidad. Yo le sostuve la mirada, muda, inmóvil. En la cama de al lado, mi abuelita....durmiendo como la mejor, obvio. De lo único que yo era consciente en ese momento era de que mi vieja había salido temprano y me había dejado cuidando a mi abuela.
Para mí el tipo estuvo unos cuantos minutos, pero en realidad no lo sé. Finalmente se dio vuelta y se fue por el pasillo. Escuché que pasaba la mano por la pared y bajaba la larga escalera de mi casa. Cerró la puerta. Pum.
Tardé más de media hora en reaccionar, totalmente paralizada. Fui hasta la cocina y agarré una compotera de vidrio. De esas durex de color ámbar. No sabría decir por qué en mi pequeña cabecita púber pensaba que podía ser una herramienta para defenderme. En fin.... la cuestión es que "armada" con la compotera y aún en pijama me aventuré a bajar la escalera para asegurarme que el intruso no estuviese aún dentro de mi casa. Incluso me armé de valor y recorrí tooooodo el depósito que Yarlux había utilizado tantos años, y que ahora era un compendio de cajas y mugre.
No estaba, che...Qué desilusión! Yo que me había creído Rambo... Eso sí, cuando subí me puse a llorar a moco tendido. Nunca supe quién era ese hombre, pero sin lugar a dudas me hizo sentir en una peli de terrorrrrrrrrr.
Y esa es una anécdota nomás, porque de veras que que las hay las hay. De chica (muy chica) yo me re creía la película en que vivía. Un verano, ¿en el 85, habrá sido? No sé, pero aún vivía mi viejo y yo no había empezado primer grado. Estábamos veraneando en Valeria del Mar y en la almacén de "Lacho" vi un disfraz de la mujer maravilla. Wow. Era YO. No es que me gustaba la mujer maravilla....YO era la mujer maravilla....así funcionaba mi marote....jajaja. NECESITABA ese disfraz, y YA. No sé cuánto habré roto los kinotos, porque al rato tenía el bendito traje. ¡Y encima era truchísmo! Tenía una careta de plástico con rebarbas que les juro que te cortaba si lo agarrabas de chanfle. Unos lindos agujeritos a los costados para pasar el elástico más delgado que un pelo y chau, arreglate. Pero yo estaba CHOCHA. No cabía en mi felicidad y en mis ganas de usarlo. Creo que hasta quería ir a la playa vestida de comic. Obviamente no me dejaron, entonces mi frondosa imaginación de infante generó una imagen mental espectacular llena de glamour....bien de película. Me imaginé que en mi casa de Valeria organizaba un gran baile de disfraces. Todos disfraces espléndidos, únicos. Con música, comida y fuegos artificiales....como las fiestas de los ricos que mostraban en las pelis.
Y cuando yo les dije que si las excentricidades no me pasaban las buscaba, no les mentía. Esa tarde en la playa, en la cuadra de mi casa y en todos lados, invité a cuanto niño había en el balneario a venir a una gran fiesta de disfraces en mi casa. A la noche empezaron a tocar el timbre niños vestidos del pato Donald, de los Ositos Cariñosos y no recuerdo qué mas. Mi mamá lógicamente no me había dado bolilla cuando le anuncié que esa misma noche se venía la gran fiesta gran (una más de mis desvariaciones infantiles, habrá pensado), así que, ante la inesperada llegada de niños disfrazados, no tuvo otra alternativa que ponerse a hacer tostones (pochoclo). Bueno, qué esperaban? ¿La música y la pirotecnia como en las fiestas de los "ricos"? jajaja.
El resto de mi infancia siempre me dediqué a congregar gente para shows varios: recitaba poesías, himnos o lo que supiera en las reuniones familiares y organizaba obras de teatro alusorias a Navidad, Pascua o lo que fuera que se festejara. Escribía los guiones, conseguía el vestuario y dibujaba o armaba la escenografía. Ponía a mis primos (en España) y a mis sobrinos (en Argentina) a actuar en mi improvisada compañía.
Qué niña agotadora, por Dios! jajaja No me aguantaría a mí misma un minuto. Pero bueno, calculo que algo tenía que hacer con esa cabeza que no paraba....
El otro día, luego de expresarle una idea muy loca que se me había cruzado en el momento, le dije a mi sobrina Maqui que mi cabeza no me daba tregua, y ella me respondió: ojalá que nunca te de tregua, tía.
No sé si me dará tregua, pero que mi vida es de película, es de película. Y en este momento, amigos, es una de Ciencia Ficción....uno de mis géneros favoritos!
sábado, 13 de agosto de 2011
Recuperando mi alma payasa
Todos perdemos algo de nosotros mismos cuando armamos algo con el otro. Es inevitable... Aunque pensemos distintos modos de decirlo para sentirnos menos "dominadas", o menos "pollerudos" (elegir, ceder... hasta concensuar!) no dejamos de hacerlo, de perdernos un poco. Bueno... un poco está bien, calculo, no? Si no, no nos aguantamos ni un minuto... no llegamos al primer cumplemes.
Ni que hablar de ya ponerse de novio y toda la perorata que viene después, con límites y protocolos concretos para cada ciclo vital. No, olvidate. Si querías ser el mismo de siempre, te hubieses quedado solo como un hongo, porque cualquier intercambio con seres de tu especie te trasforma.
Retomando.... el tema es que sea un POCO. Por ejemplo...si sos ultra hippie te podés volver un poco más aburguesado y te permitís un recambio de celular. Si sos un burgués recalcitrante de pronto te vas unas vacaciones en carpa. Si te gusta el heavy metal hacés un esfuercito para encontrarle el gusto a un unplugged. Hasta ahí nomás. La idea es que hay que perderse un poco, sólo un poco. Bah...al menos ese debe ser el ideal.
Pero cómo cuesta, carajo. En el fragor de la batalla a veces uno sacrifica pedazos vitales de uno mismo, incluso sin darse cuenta. Recortamos por acá, apretamos por allá. Y llega el momento en el que no nos reconocemos en el espejo. Pero pará.....¿Ésta soy yo?! ¿Dónde quedó mi lista de cosas a lograr antes de morir? De las mil y un cosas que algún día quería estudiar, instrumentos que quería tocar, galerías de arte y museos que moría por visitar? Ni hablar de tooooooodos los lugares del mundo que me interesaba conocer, idiomas que quería aprender, películas bodrio que estaba dispuesta a ver y libros de debía leer. Dónde quedaron mis ganas de bailar, de dibujar, de hacer puzzles? ¿Dónde está mi guardarropa excéntrico símil The Nanny? ¿Dónde quedó mi alma payasa?
Quizá estoy exagerando un poco.... Ya los agoté??? (Seguro que sí). Pero saben qué? No estoy exagerando....Yo soy esa. Sí, sí.... esa que se queja de TODO pero trata de encontrarle una vuelta a los problemas. Esa que tiene arranques de violencia verbal inauditos y a los cinco minutos te enchufa un beso. Esa que se destornilla con el humor negro y se pone a llorar a mares cuando lee un libro de historia argentina. Esa.
Pero durante un tiempo no me encontraba... tanta remodelación de interiores que hice... Es que, a todas las cosas que siempre tengo ganas de hacer y locuras que quiero emprender, encima se sumaron las ganas de amar con vehemencia y para colmo, tener una familia. Sí...ya sé....TOOOODO no se puede en la vida. Pero lo intenté en serio... le puse tanta garra (como dicen los futbolistas), que terminé un poquiiito lesionada. Bueno, lo hecho, hecho está. Y no estuvo mal, tampoco. Logré muchas de mis metas, y estuvo bueno el camino. Ahora hay un ser que sufre todas mis alteraciones, encima! ¿Cómo podría arrepentirme de mi propia perdición? Es no sólo por mí, sino por este pequeño ser a mi merced, que yo decidí recuperarme de la lesión y dedicarme a otra cosa. Y en kinesio me di cuenta de que no había perdido taaaanta movilidad, era sólo cuestión de relajar un poco los músculos, desempolvar la mente y animarse. Porque estaba toooodo ahí. La lista sigue ahí!!!! Qué alegría! Qué feliz que soy, recuperé mi lista, y encima ya tengo varios ítems tildados. El resto de mis días, los voy a dedicar a divertirme tildando el resto. Eso sí, la próxima vez que me enamore, voy a intentar no perder mi alma payasa.
Ni que hablar de ya ponerse de novio y toda la perorata que viene después, con límites y protocolos concretos para cada ciclo vital. No, olvidate. Si querías ser el mismo de siempre, te hubieses quedado solo como un hongo, porque cualquier intercambio con seres de tu especie te trasforma.
Retomando.... el tema es que sea un POCO. Por ejemplo...si sos ultra hippie te podés volver un poco más aburguesado y te permitís un recambio de celular. Si sos un burgués recalcitrante de pronto te vas unas vacaciones en carpa. Si te gusta el heavy metal hacés un esfuercito para encontrarle el gusto a un unplugged. Hasta ahí nomás. La idea es que hay que perderse un poco, sólo un poco. Bah...al menos ese debe ser el ideal.
Pero cómo cuesta, carajo. En el fragor de la batalla a veces uno sacrifica pedazos vitales de uno mismo, incluso sin darse cuenta. Recortamos por acá, apretamos por allá. Y llega el momento en el que no nos reconocemos en el espejo. Pero pará.....¿Ésta soy yo?! ¿Dónde quedó mi lista de cosas a lograr antes de morir? De las mil y un cosas que algún día quería estudiar, instrumentos que quería tocar, galerías de arte y museos que moría por visitar? Ni hablar de tooooooodos los lugares del mundo que me interesaba conocer, idiomas que quería aprender, películas bodrio que estaba dispuesta a ver y libros de debía leer. Dónde quedaron mis ganas de bailar, de dibujar, de hacer puzzles? ¿Dónde está mi guardarropa excéntrico símil The Nanny? ¿Dónde quedó mi alma payasa?
Quizá estoy exagerando un poco.... Ya los agoté??? (Seguro que sí). Pero saben qué? No estoy exagerando....Yo soy esa. Sí, sí.... esa que se queja de TODO pero trata de encontrarle una vuelta a los problemas. Esa que tiene arranques de violencia verbal inauditos y a los cinco minutos te enchufa un beso. Esa que se destornilla con el humor negro y se pone a llorar a mares cuando lee un libro de historia argentina. Esa.
Pero durante un tiempo no me encontraba... tanta remodelación de interiores que hice... Es que, a todas las cosas que siempre tengo ganas de hacer y locuras que quiero emprender, encima se sumaron las ganas de amar con vehemencia y para colmo, tener una familia. Sí...ya sé....TOOOODO no se puede en la vida. Pero lo intenté en serio... le puse tanta garra (como dicen los futbolistas), que terminé un poquiiito lesionada. Bueno, lo hecho, hecho está. Y no estuvo mal, tampoco. Logré muchas de mis metas, y estuvo bueno el camino. Ahora hay un ser que sufre todas mis alteraciones, encima! ¿Cómo podría arrepentirme de mi propia perdición? Es no sólo por mí, sino por este pequeño ser a mi merced, que yo decidí recuperarme de la lesión y dedicarme a otra cosa. Y en kinesio me di cuenta de que no había perdido taaaanta movilidad, era sólo cuestión de relajar un poco los músculos, desempolvar la mente y animarse. Porque estaba toooodo ahí. La lista sigue ahí!!!! Qué alegría! Qué feliz que soy, recuperé mi lista, y encima ya tengo varios ítems tildados. El resto de mis días, los voy a dedicar a divertirme tildando el resto. Eso sí, la próxima vez que me enamore, voy a intentar no perder mi alma payasa.
martes, 2 de agosto de 2011
La vida sobre ruedas
Mi última sesión de terapia me dejó esta metáfora dando vueltas. Cuándo no, me quedé rumiándola un poco, un poco más, bastante... Mucho, tal vez.
Me gustó... ahí va:
Hoy hace cinco meses que le saqué las rueditas a la bici. Uuuuy, esas rueditas hace mil años que las tenía... Todavía no me termino de acostumbrar a estar sin ellas, literalmente: me falta superficie de apoyo. Con mis rueditas bien atornilladas no me preocupaba mucho por mantener el equilibrio: le daba para adelante con fuerza, y listo. A veces costaba más.... a veces el barro hacía que fuera difícil avanzar, o los terrenos arenosos...
Otras veces cuando el camino era lisito lisito, podía ir más rápido y hasta sentir la brisa en la cara, despeinándome toda y llenando mis pulmones de aire. Igual, hace tiempo que no me daba la brisa, che...
Pero bueno, ya no están más las rueditas. Las saqué... dije "basta". Hasta acá llegué con ustedes, ahora vamos a ver qué pasa. Y al principio, con todo el empujón de la decisión, pedaleé como loca varios metros sin casi darme cuenta que las rueditas no estaban. Imagínense, me podría haber ido a la miércole, pero no. Y ahí, a los varios metros, caí en que las rueditas no estaban más en serio....pero en serio en serio. Uy, que cagaso! De esta no zafo! Me voy a estrolar en el piso en cualquier momento... ¿ Y cómo hago ahora para no caerme? Encima ahora no estoy livianita que digamos... con esto que llevo encima cómo hago? Nooo... me la voy a dar contra el piso en cualquier momento. ¡Pero qué boluda! ¿No me podría haber hecho la sota un tiempo más? Si total... todo el mundo lo hace, no? Me quedaba con las rueditas por más que no me diera más el alma... pero no esto! Esta sensación de estar al borde del abismo...
Pero a ver... Pará. Uhhh! qué flojita que voy ahora! Qué rápido que voy, che... Está bueno, eh...! Me da el viento en la cara...ahhhhhhhhhhhhhhhhhh! Qué lindo... hacía taaaaanto que no sentía eso! Y la mochilita viene bien, eh... la verdad es que no se siente mal, todo lo contrario.
Uy! Ahí viene una florrrr de curva.... uhhhhh me la doy, me la doy.... Ay ay ay ay ay! Ouch! dolió.
Bue. No importa, ahora me subo de vuelta y sigo... ya le voy a agarrar la mano, no?
Me gustó... ahí va:
Hoy hace cinco meses que le saqué las rueditas a la bici. Uuuuy, esas rueditas hace mil años que las tenía... Todavía no me termino de acostumbrar a estar sin ellas, literalmente: me falta superficie de apoyo. Con mis rueditas bien atornilladas no me preocupaba mucho por mantener el equilibrio: le daba para adelante con fuerza, y listo. A veces costaba más.... a veces el barro hacía que fuera difícil avanzar, o los terrenos arenosos...
Otras veces cuando el camino era lisito lisito, podía ir más rápido y hasta sentir la brisa en la cara, despeinándome toda y llenando mis pulmones de aire. Igual, hace tiempo que no me daba la brisa, che...
Pero bueno, ya no están más las rueditas. Las saqué... dije "basta". Hasta acá llegué con ustedes, ahora vamos a ver qué pasa. Y al principio, con todo el empujón de la decisión, pedaleé como loca varios metros sin casi darme cuenta que las rueditas no estaban. Imagínense, me podría haber ido a la miércole, pero no. Y ahí, a los varios metros, caí en que las rueditas no estaban más en serio....pero en serio en serio. Uy, que cagaso! De esta no zafo! Me voy a estrolar en el piso en cualquier momento... ¿ Y cómo hago ahora para no caerme? Encima ahora no estoy livianita que digamos... con esto que llevo encima cómo hago? Nooo... me la voy a dar contra el piso en cualquier momento. ¡Pero qué boluda! ¿No me podría haber hecho la sota un tiempo más? Si total... todo el mundo lo hace, no? Me quedaba con las rueditas por más que no me diera más el alma... pero no esto! Esta sensación de estar al borde del abismo...
Pero a ver... Pará. Uhhh! qué flojita que voy ahora! Qué rápido que voy, che... Está bueno, eh...! Me da el viento en la cara...ahhhhhhhhhhhhhhhhhh! Qué lindo... hacía taaaaanto que no sentía eso! Y la mochilita viene bien, eh... la verdad es que no se siente mal, todo lo contrario.
Uy! Ahí viene una florrrr de curva.... uhhhhh me la doy, me la doy.... Ay ay ay ay ay! Ouch! dolió.
Bue. No importa, ahora me subo de vuelta y sigo... ya le voy a agarrar la mano, no?
viernes, 29 de julio de 2011
Ser o no ser
Por ejemplo: madre. Sí...ooooobvio, no? En algún momento me tocará, o en algún momento lo lograré (eso depende de cada una). Pero del dicho al hecho, hay mucho trecho. El dicho es que "madre", en principio la mayoría de las mujeres quiere ser. Antes o después de casarse, antes o después de sus estudios, antes o después de los temidos treinta. Y la duda, o la cuestión, o las ganas suelen ser como una canilla a la que se le jorobó el cuerito. Sí, todo empieza con una gotita depravada que chapotea en el fondo de tu mente cuando cumplís el cuarto de siglo. Una gotita maldita que te recuerda que en solo un lustro, dejaste los veinti y andá a saber qué extraño cambio le va a suceder a tu cuerpo (amén de que se te caigan las lolas y te llenes de celulitis). Y de ahí en más, bueno... va pasando el tiempo y la gota persiste cada vez más. Para algunas mujeres, una verdadera tortura china.
De pronto, la vida te cambia en un segundo. No importa si ya lo habías decidido o no, si te cae como peludo de regalo o si es el milagro que esperabas: aparecen esas dos rayitas magenta rabioso que te enfrentan con el SER. Con ese ser del ser o no ser... con la mera idea de que vas a "ser madre", porque con el SER en serio, todavía falta. Puf, si falta...! Y en tiempo no... porque los meses pasan volando. Lo que falta es una eternidad en la mente, en el alma, y hasta en el cuerpo, a decir verdad. Todo lo que sucede desde ese intante en el que "te enterás" que vas a ser, hasta que das cuenta que realmente "sos", es lo más surrealista, increíble y paradójicamente natural que exista. Es como un centrifugado mental del que salís desdoblada en dos partes, como el ADN en el crossing over. Y bueno, ¿A quién no le da vértigo estar dentro de un lavarropas? Quien no haya gritado S.O.S en este proceso, que tire la primera piedra. Pero en algún momento ese movimiento violento y exagerado parece calmarse (aunque yo creo que más bien le vamos encontrando el ritmo) y podemos ver con otros ojos nuestra nueva y caótica realidad. Y aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah...........
La gravedad carece de la fuerza que tiene este SER sobre nos. Y... para qué contarles más?
De pronto, la vida te cambia en un segundo. No importa si ya lo habías decidido o no, si te cae como peludo de regalo o si es el milagro que esperabas: aparecen esas dos rayitas magenta rabioso que te enfrentan con el SER. Con ese ser del ser o no ser... con la mera idea de que vas a "ser madre", porque con el SER en serio, todavía falta. Puf, si falta...! Y en tiempo no... porque los meses pasan volando. Lo que falta es una eternidad en la mente, en el alma, y hasta en el cuerpo, a decir verdad. Todo lo que sucede desde ese intante en el que "te enterás" que vas a ser, hasta que das cuenta que realmente "sos", es lo más surrealista, increíble y paradójicamente natural que exista. Es como un centrifugado mental del que salís desdoblada en dos partes, como el ADN en el crossing over. Y bueno, ¿A quién no le da vértigo estar dentro de un lavarropas? Quien no haya gritado S.O.S en este proceso, que tire la primera piedra. Pero en algún momento ese movimiento violento y exagerado parece calmarse (aunque yo creo que más bien le vamos encontrando el ritmo) y podemos ver con otros ojos nuestra nueva y caótica realidad. Y aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah...........
La gravedad carece de la fuerza que tiene este SER sobre nos. Y... para qué contarles más?
jueves, 28 de julio de 2011
Here comes the blog
Miles de cosas pululan en mi mente de forma desordenada y simultánea, a veces, caótica. Desde las preocupaciones más triviales hasta las reflexiones más profundas, todas mezcladas y codo a codo, existiendo entre ellas sólo un chasquido, sólo una sinapsis. Supongo que a todo el mundo le debe suceder algo parecido...o al menos a buena parte de la gente...o....al menos a la gente que piensa demasiado, como yo. Sí, confieso que pienso demasiado. Incluso a veces pienso con un cierto ritmo, como si estuviera escribiendo. Las ideas me surgen con un lenguaje que no es ni hablado ni escrito, casi como si estuviese preparado para que algún otro lo interpretara desde algún lugar. ¿Nunca les pasó que escuchando música en la calle, se sintieron dentro de un video clip? Bueno, algo así pero sin música, sólo con los pensamientos.
Bueno, además de todo esto, debo confesar también que me pasan cosas locas en esta vida. Sí, locas, raras, desquiciadas, diría. Imprevisibles, maravillosas u odiosas, pero cada tanto la vida le da tela a mi cabeza para pensar con humor. Para cagarme de risa por dentro ( y por fuera), y también para llorar un poco, o a los gritos. Y por esto, por estas razones, a veces siento que voy a reventar de relatos sin contar. Y tampoco es que "wooooow" qué cosas les voy a contar, pero bueno....internet es casi gratis, no? De paso me desahogo un poco, a costa de mi teclado y de las almas alpedísticas que tengan ganas de leer este blog.
Te estoy dando el gusto, amiga (sí, vos...ya sabés quien sos). Pero ME estoy dando el gusto yo también. Vamos a ver qué sale....vamos a ver para dónde agarro....
Bueno, además de todo esto, debo confesar también que me pasan cosas locas en esta vida. Sí, locas, raras, desquiciadas, diría. Imprevisibles, maravillosas u odiosas, pero cada tanto la vida le da tela a mi cabeza para pensar con humor. Para cagarme de risa por dentro ( y por fuera), y también para llorar un poco, o a los gritos. Y por esto, por estas razones, a veces siento que voy a reventar de relatos sin contar. Y tampoco es que "wooooow" qué cosas les voy a contar, pero bueno....internet es casi gratis, no? De paso me desahogo un poco, a costa de mi teclado y de las almas alpedísticas que tengan ganas de leer este blog.
Te estoy dando el gusto, amiga (sí, vos...ya sabés quien sos). Pero ME estoy dando el gusto yo también. Vamos a ver qué sale....vamos a ver para dónde agarro....
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