jueves, 15 de septiembre de 2011

filosofía de almohada

Vamos a bloguear un rato, pensé.
Anoche, mientras ejercía pacientemente mi deber de madre durmiendo a mi hija, pensaba con ritmo.
De vuelta... ese modo de pensamiento que me lleva al teclado, tarde o temprano. Pero mucho no me acuerdo ya de lo que pensaba, en esa mezcla de consciencia e inconsciencia que se me genera tratando de que la niña concilie el sueño... suelo conciliarlo antes yo que ella, para variar. Más gajes del oficio, señores... quedarse dormido cuando el objetivo es que se duerma el pequeño.
Es así... uno hace lo que puede. Lo curioso es que en el interín me van surgiendo cosas... a veces imágenes tan nítidas que casi parecen reales: añoranzas, deseos,  ensayos de una realidad posible. Alguna que otra vez una lágrima solitaria, pero no por eso menos densa y contundente.
Sin embargo la época de los llantos caudalosos en el silencio previo al descanso quedó atrás. Ahora me secuestran pensamientos lindos, llenos de luz, de color, de aromas. Y sí, me secuestran, porque en un punto no sé lo que estoy haciendo mientras pienso. Qué tocadita del techo que estoy, no? Sí, amigos, hete aquí la que no puede mascar chicle y pensar al mismo tiempo. Bueeeeeno, depende pensar en qué, no? Cuando pienso cosas positivas, cosas lindas, cosas....cosas....cosas interesantes, digamos, NO ME JOROBEN. Me dedico a pensar y ya fue. Si la estoy pasando bomba con mi "pensamiento", por qué voy a complicarme la vida intentando otra actividad? Y aunque usted no lo crea, cuando a mí se me da que el bocho trabaje, no hay actividad que lo frene. ¿Quién no intentó atiborrarse de cosas para hacer  para dejar de pensar en algo en particular? (afrontémoslo... en ALGUIEN en particular) Pero no. En mi caso, difííííííícil que lo logre. Porque una vez que arranca, es un caso perdido. Eso sí.... gracias a algunos añitos invertidos en terapia de tanto en tanto consigo cortar un poco el chorro (un poco eh!) cuando esos pensamientos atrapantes dejan de ser placenteros y me convierto en una prisionera de las FARC.
Ayer desempolvé un anillo que hace mil que no usaba y que dice CARPE DIEM. Qué lindo lema... hay que pulirlo, igual. Ya se sabe, hay que mirar para adelante, también. Pero creo que debe haber un momento en el día en el que nos tenemos que maravillar de lo increíblemente irrepetible que es todo. Es mágico.... no hace falta Tolkien, ni Spielberg, ni nada, porque si se lo ponen a pensar... a pensar con esta densidad con la que a veces yo pienso.... la realidad supera la ficción. ¿Entienden lo que les digo? Vivimos en un mundo donde no se puede hacer nunca lo mismo, y eso es desquiciado en sí, sobre todo para la racionalización del tiempo que tenemos (el tiempo es dinero, etc. etc.) No hay un solo segundo igual al otro, ya está, ya se fue, RIP. Ahora otro, y otro, y otro...y esa interminable sucesión de nada... porque es nada hasta que no hacemos algo, hasta que no se movió algo, hasta que no cambió algo.
Así que descubrí que el tiempo puede ser algo además que dinero... (si es que es dinero, en algún caso). Mi tiempo es una sucesión de acontecimientos variaditos variaditos...tipo potpurrí. Y apuesto que el de ustedes también.
Ahora ustedes pensarán.... a esta mina le patina el bocho maaaal y de pronto se acordó de las pelotudeces que estaba pensando antes de dormir a su POBRE hija. Bueno, lo acepto.... me puse medio filosofía trascendental...y no entiendo un joraca de eso. No era mi intención acercarles filosofía barata NI cara, estilo Osho o Dalai Lama.
Yo sólo sé que ayer flasheé pensando que la imposibilidad de repetir absolutamente nada es una de las cosas más fascinantes que nos suceden a los humanos... y de ahí que está bueno encarar la vida con una tabla de surf bajo el brazo. Tratando de seguir la onda.... a veces estaremos arriba, y otras, qué se le va a hacer, abajo.
Ahora sí los planto.... tengo un bollito calentito y con rulitos enroscado en mi cama, que de vez en cuando tose (snif), y me voy a hacerle compañía. Sin duda, uno de los acontecimientos más trascendentes del dia....


miércoles, 7 de septiembre de 2011

Prende y apaga

Lleva tiempo conocerse. Conocer los propios gustos, a veces cuesta reconocerse medio tocadito en algunos. Normalmente distinguimos mejor lo que no nos gusta que lo que sí... incluso llegamos a pensar que algo no nos atrae y sin embargo nos tiene ahí rendidos... por más inverosímil que parezca, por más patético, por más enfermo. Pero para entenderlo hay que conocerlo... hay que animarse al agujero interior.

De todas las preguntas del cuestionario de Proust que hace James Lipton en el Show de Actors Studio, hay dos que me fascinan: what turns you on? (qué te enciende) y what turns you off? (qué te apaga). Muchas veces me quedé reflexionando estas preguntas... con muchas ganas de respondérselas a alguien, pero mayormente a mí.  Y en esta tercera década de mi vida, estoy orgullosa de haber logrado entrar Y SALIR de mis laberintos internos y finalmente reconocer qué me prende y qué me apaga (al menos por ahora), hablando de vínculos interpersonales.

Me prendo con la locura linda, con la ternura arriesgada, con el fogonazo y la caída libre. Me enciende la imaginación abierta, la valentía, la entrega vehemente, la expresión oral, la expresión corporal, la expresión toda.  Aunque parezca redundante, me DERRITE el calor, la calidez, la búsqueda, la magia del chispazo, pero sobre todo la persistencia, sin dejar de ser insolente ni imprevisible, pero insistente, esa profunda sed que se sacia y se renueva en el encuentro con el otro.

Me apagan la racionalización, la matematización del alma, la rienda al sentimiento, la represión pautada, la represión irrefrenable (qué paradoja). Me apagan las vueltas, las idas, las retiradas, la cobardía, el hermetismo, el silencio gélido, la inmovilidad, el susto.
La histeria y el cinismo directamente me dejan a oscuras, privada de sensaciones, de emociones, no es que me apaguen, más bien me anulan.

El otro día volví a ver "Átame", y cómo no, volví a enamorarme de Banderas en el papel de Ricky. Estando más loco que una cabra, Ricky tenía certezas sobre lo que quería en su vida, (y no es que me olvide del hecho de que Banderas en ese film está para el crimen más allá de lo que pueda tener en el marote), pero ¿acaso hay algo más afrodisíaco que eso? Quiero decir...¿hay algo que encienda más que un tipo decidido (aunque loco de la guerra)....? Ene O. NO. Después de todo, si me va a tocar un loco, que sea un loco de amor, como Ricky.




jueves, 1 de septiembre de 2011

Preguntas Kamikaze

¿Cuántas veces se arrepintieron de preguntar algo? Si bien el refrán dice que es mejor arrepentirse de hacer algo de que no hacerlo, claramente no es el caso de las preguntas. A veces preguntar, nos transporta a un laberinto de difícil salida...estilo The Shining (El Resplandor).
Sea como sea, a la gente como yo, las preguntas jodidas les joden en la boca, valga la redundancia. Revolotean de acá para allá, molestan: nos hacen picar la lengua. Y finalmente, por más que demos vueltas y vueltas tratando de contenerlas, ese fragmento insatisfecho de nuestra mente se derrama a través de los dientes y sale a la luz. Lo peor es que se evapora tan instantáneamente, que hace imposible regresarlo a la oscuridad de nuestra boca. Y ahí cae, como escupitajo de deportista, irrefrenable, al pasto. Ahí va la pregunta kamikaze del día, así que hay que prepararse para el impacto....rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr. Sí, obviamente el caza japonés hundió el acorazado. Por más que en el fondo la pregunta se resbala porque busca esa respuesta que consuele, si es kamikaze es porque no hay respuesta buena para ella. Asumámoslo, che. Es de esas preguntas en las que tenés el NO seguro...esas preguntas que te tenés que callar, porque no hay forma de que escuches lo que querías escuchar, es más, suele ser bastante peor que lo que NO querías.
 Y lo peor de esto, es que vamos a la misión suicida creyendo que saldremos ilesos... sin prepararnos en lo más mínimo para esa respuesta pringosa, porque la fuerza del golpe se transforma en esos recuerdos que uno desearía que no vinieran nunca más a la mente, y sin embargo quedan pegados como chicle en banco de escuela.
Se puede tener todo un abanico de sensaciones a partir de una pregunta suicida: enojo, vergüenza, desesperanza, resignación, dolor, miedo.... alivio NO. Y entonces, ¿Para qué preguntamos? No sé, si lo supiera me callaría, quiero suponer.
 Pero no todo está perdido, señores. Si alguna vez les pasó (y no soy la única loca de mierda a la que le ocurren estas cosas), les cuento que al menos yo, me siento un poquito más aliviada cuando reconozco que fue todo idea mía de cabo a rabo. Yo con mi propio laberinto portátil, con un espiral desplegable que llevo en el bolsillo. Y ahí ya no me da taaanto miedito... es el tren fantasma de siempre, qué se yo... ya lo conozco...  Siempre haciéndome manganetas! jajaja Y sí...yastá. La próxima me pongo cinta scotch en la boca y fue.