Es la tercera vez en la semana que ceno choco-crispis con leche. Esperaba ansiosa la lluvia, después de tanto relampagueo. Esperaba también, que en algún momento me volvieran a dar ganas de escribir. Y aquí estoy, frente al monitor, debatiéndome entre la idea de teclear o llevarme a la boca una nueva y deliciosa cucharada de mi cena.
Necesitaba escribir como el creyente que necesita rezar. Hay una suerte de expiación en esto de apretar las teclas, un alivio que me viene bien luego de tantos días de tejiendo y destejiendo sistemáticamente.
Tengo una gran amiga que se atreve a vivir con un reloj al que no le basta con dar las campanadas habituales cada hora, sino que además osa avisar con una melodía cada quince minutos. Cada QUINCE MINUTOS! Me inquieta sólo de pensarlo... y no tanto por la molestia del sonido constante, sino más bien porque ese bendito reloj me estaría avisando constantemente que el tiempo pasa, que se me va escurriendo entre los dedos de forma implacable.
El tiempo se fuga...Y quién soy? Y qué quiero? Y a dónde voy? A veces me ilusiono con la idea de que tengo algún tipo de respuesta para cada una de esas preguntas, y otras, siento que hace casi un año que me muevo exclusivamente a través de impulsos.
Nunca fui una persona demasiado impulsiva. De hecho, no creo serlo de por sí, sin embargo últimamente sólo miro mi ombligo antes de hacer algo. Bueno, el mío y el de mi cría. Suena horrible, lo sé. Suena egoísta, inmaduro, hasta soberbio... Yo lo hubiese juzgado así, probablemente, de no estar en la situación que vivo hoy. Pero tengo un CARPE DIEM tatuado en el cerebro, una pequeña lección aprendida después de tanto proyecto, de tanto esfuerzo puesto en un futuro que siempre resulta tan incierto. Entonces tengo ganas de relajarme un rato. De dedicarme a lo que tengo ganas, de descubrir de qué va eso de mis ganas y no preocuparme tanto por si lo que soy hace feliz o no a los que me rodean. So sorry. Es lo que hay. Y quiero creer que allí se irán resolviendo el quién soy y de a poco el qué quiero. Todo junto no se puede, así que el a dónde voy aún se los debo... se irá delimitando por las ganas, y por qué no, por el deseo.
Otra cosa que fui filosofando en este letargo iletrado es que el deseo es totalmente inmanejable, y asimismo imprescindible en la vida. Es el móvil por excelencia hacia cualquier punto que nos dirijamos. Y qué raro que es, y qué absurdo a veces. Más tengo la teoría de que en ese punto, nosotros no elegimos nada. Sólo queda rendirse a buscarlo o huir de él por vida.
Yo, qué decirles, supongo que a esta altura ya se imaginarán que no voy a correr para el otro lado...
Carpe Diem!
ResponderBorrarDisfruta cada momento, ya que es único e irrepetible!
ResponderBorrarMar, desataste una tormenta conceptual veraniega!!.(Imaginate la expresión con el tono del Bambino Veira)..jajajaja. Vas a preocupar a la gente que te quiere….Mi pregunta es si has leído el contenido de azúcar de los choco crispis, quizás ahí esté la respuesta… López.
ResponderBorrarIn: Seize the day :)
ResponderBorrarPau: Master! Acá intentándolo...
López: Quién pudiera desatar tormentas!!! (de las de agua, claro!). La gente que me quiere....la gente que me quiere... mmmm (jodita). Ahora relativo a mi cena: Según la caja, 12g de azúcar por porción, nada mal, eh! una dieta balanceada para no subir de los 50kg...jajajaj
"yo de ti tiraría todos los relojes"y no es fácil pero si quieres puedes, y lo que esta claro que el tiempo corre en nuestra contra si no le metemos contenidos del tipo que sean ,en fin la mano y el anillo estan muy bien. ( quizas el anillo te esta pequeño)
ResponderBorrar