Hay una especie de alquimia en la forma en la que nos movemos unos con respecto a los otros, unos con los otros.
Si miramos un día ajetreado en una calle muy concurrida, vamos a ver toda una danza de cuerpos que se ajustan unos a otros, tomando la distancia justa, o al menos intentándolo. Un centímetro más cerca puede ser ofensivo, generalmente un error involuntario de quien no está acostumbrado a la proxémica de una gran ciudad. Obsérvenlo. Es un ballet coordinado, bastante exacto, casi automático. En el colectivo ya sabemos que si ambos están libres, vamos a elegir el asiento individual antes que el compartido. Sólo de vez en cuando alguien se atreve a cambiar el orden programado de las cosas y rompe el esquema tomando la decisión equivocada. A penas dos centímetros más cerca, a penas un milisegundo más apretando tu mano u oliendo tu aroma en un saludo casual. Está tan calibrada la distancia entre los cuerpos, los mínimos y los máximos, que basta muy poco (realmente muy poco) para que se desequilibre. Todos notamos cuando eso sucede, todos nos equivocamos alguna vez... todos nos arriesgamos alguna vez.
Quizá esta motricidad controlada que recreamos con nuestros cuerpos sea la ilusión de lo que quisiéramos ser capaces de hacer con nuestras almas. Pero en ese terreno etéreo y resbaloso de la emociones, no funciona el piloto automático. No hay sistema métrico que valga, ni convenciones sociales sobre las distancias requeridas o las distancias tope. A veces hay alertas, sí, pero son de libre interpretación. Algunos (pobres diablos) creen que hay manuales a los que atenerse, pero terminan fallando estrepitosamente.
Ahora bien, es más difícil encontrar la homeostasis de las almas que de los cuerpos. Somos más desordenados ahí, nos movemos con menos datos estadísticos, con menos conocimiento de causa. Nunca sabemos bien hasta donde.
Sabemos que a veces, la distancia nos ayuda a crecer. Si nuestros padres no la hubiesen regulado bien, hoy día estaríamos en el horno (bueno...sí, algunos están en el horno). Crecemos solos, cambiamos solos. Crecer y cambiar, o cambiar y crecer debe ser lo que sucede mientras aprendemos a manejar las distancias...o las proximidades.
Sé que para que mi hija crezca sana, debo permitir que se aleje un poco. Y en algún lugar de mi alma, esa idea se hace eco en mi cuerpo y me duele. Me arde la mera sensación del aire que empieza a correr entre ella y yo.
Sé que para avanzar en mi vida debo soltar lo que fui en un momento y ya no soy más. Esa otra versión que quedó trunca, sin final. Me reconocí tanto tiempo allí que me cuesta entender que ya fue, que es parte de mi Historia.
Sé que para intentar algo nuevo tengo que correrme de lo seguro, de lo conocido, de lo que tuve siempre. Y me da vértigo, me atrae y me aterra, indistintamente.
Sé que no puedo atar mi corazón a una soga y lanzarlo a través del continente. Pero mi alma late lejos, y luego cerca, otra vez lejos, lejos... La proxémica del amor es por demás compleja.
Aún no sé que será de mi cuerpo, mi alma y la distancia...

Sencillamente excelente!.
ResponderBorrarQuizás Mar, la cosa sea que las almas siempre están más cerca que los cuerpos, absolutamente siempre, y no lo notamos, y no sólo se acercan por accidente. Es como eso de la empatía, pero aún con ella no hay porque estrecharle la mano al otro, y entonces la diferencia la hace la chispa del amor... Me terminé el café. Me voy escuchando a Serrat. “Ella qui sap on és. Ella qui sap on para. La vaig perdre i mai mes he tornat a trovar la...”.
López.
nena...exquisito tu escrito...algo asi como el postre despues de haberme comido el arroz,la habichuela y el pollo.La distancia,te puedo decir??? QUEMA!!!!hace nudos en la garganta y despues se alivia,en algunos casos hace que crezca el amor,si es fuerte,en otros los desvanece si no era amor,pero siempre sirve,lo que pasa q uno no suelta a la mente y valga la redundancia le da mente a la nostalgia ,pero cuando la nostalgia de la distancia me agarra (mi caso) me recuerdo de arjona diciendo..uno no esta donde el cuerpo sino donde mas lo extranan.con esta distancia hace dos anios vengo compartiendo y haciendome amiga,xq me hizo crecer y ser mas fuerte,pero tambien pase mil y una noches llorandole a la almohada xq queria a mi mama!!!... me acuerdo cuando laro viajaba para alla y pasabamos unos dias hermosos,lo mas q me dolia era pensar q se iba y eso tan lindo se volvia en distancia,de un anio o anio y medio,cada despedida era dramatica y me arrancaba el corazon,pero sabia tambien q eso iba a pasar y pasaba. hoy en mi vida esta el y la distancia son ustedes mi gente y todo es una rueda q gira y gira,pero acordate siempre q nunca hay distancia para el amor,fijate si no estuvieramos en la distancia vos y yo..solo hubieramos sido clienta..depiladora y ahora sos mi amiga!!!! besotes mar.
ResponderBorrarLopez: Gracias! No sé si estoy de acuerdo con eso de que las almas siempre están más cerca...a veces uno está físicamente cerca y emocionalmente lejos, y viceversa. Es relativo, qué se yo...
ResponderBorrarNaty: tu historia es para una novela...como la de mis viejos! Y es tal cual como decís, la distancia nos hizo amigas. Te adoro, loca linda!
Uf qué decirte acerca de eso de atar el corazón y lanzarlo a través del continente... Como vos decís, a veces los cuerpos están cerca pero no las almas.
ResponderBorrarYo lo que creo es que hay que seguir lo que nos dicta nuestra totalidad, tanto nuestro cuerpo como nuestro corazón, nuestras ganas, nuestro deseo. Claro que podemos equivocarnos! Pero lo cierto es que nunca sabemos qué va a ser de las cosas, aún en el contexto más seguro de todos.
Así que el mensaje, como buena Solita que soy (estoy!), es adelante mi valiente jajajaja. Y a disfrutar del vértigo, del miedo y de la esperanza de todo lo que es pura posibilidad :)
Vero
pienso que empiezas a tener MIEDO a lo que se te avecina , posición ,estabilidad, regulación de otras cosas etc.
ResponderBorrarla foto una maravilla (como TU)
Vero: la vida está llena de posibilidades... por qué tantassssss???!!!! jajajaja
ResponderBorraragusmar: sí, sí...diste en la tecla. Dicen que es normal... pero por lo menos no me inmoviliza. Ah! y gracias!